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domingo, 18 de marzo de 2018

El matalote 9


Gracias, por favor, disculpe. Eso no es educación

    




Me preocupa la cultura en mi país, la educación. Es decir, la forma en que nos relacionamos los ciudadanos, el concepto mismo de ciudadanía y bien común. Se me cruzan los cables cuando me doy cuenta de que para mucha gente educación es cortesía, buenos modales, moralina. Eso no es educación, es sumisión. 

La educación es mucho más que eso. Es tener un sustrato de información y sentimientos que permitan leer la realidad y confrontarla con los ideales éticos con los que uno se ha comprometido, o al menos con los ideales morales de la época; entre muchos otros, la libertad, que es la capacidad de elegir, con base en el conocimiento de las opciones. 

Si bien el Estado (territorio, gobierno y sociedad) tiene la obligación de garantizar este derecho humano, lo cierto es que en promedio la educación de un mexicano anda por los 9 años. ¿Hasta cuándo vamos a reclamar nuestra mayoría de edad e independencia? ¿Vamos a seguir dejando que el poder económico regule nuestras vidas antes que la ideología y la razón?


¿Cómo educarnos? Acercándonos a la cultura para escudriñar el por qué de las cosas, darnos una razón de su existencia y su función; proponiendo nuevas formas de ser y hacer; dejar de ser espectadores pasivos para convertirnos en receptores activos de valores con los que construir un mundo personal y colectivo. El cine, la danza, el teatro, la música, la literatura, la pintura, las conferencias pueden ahorrarnos muchos años de escuela. El conocimiento es un Aleph, es decir un todo al que se accede por cualquier punto -lo escribió Borges-.




Vivimos bajo la ley de la selva, porque no se aplica la ley de los códigos y los reglamentos, sino la ley del dinero -y no estoy en contra de la riqueza, sino de la riqueza mal empleada; es decir, la que se usa para sobajar al distinto, para aplastar al oponente, para explotar al que no sabe, para comprar consciencias. Peleamos todos los días por salir de la miseria programada que el sistema ejercita para mantener las cosas como están. La mayoría de los políticos han olvidado su misión de servicio, deslumbrados por las oportunidades de negocio que el acceso al mundo del poder -y su miseria espiritual- les ofrece.


La lucha encarnizada que llena nuestras pantallas hoy en día, es la mejor representación de la desunión y el egoísmo en que vivimos. ¿Cómo vamos a construir una nación si para llegar al poder tenemos que eliminar a todo el que no coincide con los planes del ganador? ¿cómo se puede integrar después de unas elecciones al oponente, o al distinto, sino con el desprecio y la condescendencia del tirano? Cada quién para su santo. Porque una cosa es disentir, y otra muy distinta es eliminar de toda posibilidad de embate al adversario.


Se supone que la democracia es un juego civilizado de poder donde los intereses de unos grupos ceden ante los intereses de otros y la res-pública (cosa pública), el bien común, puede administrarse (política). Pero claro, estos sólo son ideales, utopías. Y como diría Galeano, “para eso son, para caminar, para ir hacia ellos, aunque nunca se acabe de llegar”.



Me sorprende y me preocupa saber que el promedio de lectura al año es de más o menos libro y medio; que en varias comunidades del sureste del país generaciones de niños se han quedado sin clases porque sus maestros están “en la lucha”, que de los cientos y cientos de licenciados que egresan de las universidades la mayoría acaban siendo analfabetas funcionales porque no volvieron a leer ni a escribir más que para asuntos burocráticos; que el nivel de lenguaje en la calle -y en los medios- no pasa de wey, no mames, uta, chingón, jodido y sus afines. Y que eso el pueblo lo celebra, lo que significa un atraso cognoscitivo que nos animaliza generación tras generación. Si no venimos del mono, sí vamos hacia él, y a lo mejor hasta nos conviene.




Apenas hace unos años para ser locutor había que tener licencia, y para ello había que pasar una prueba que evaluaba las habilidades del candidato en idiomas, dicción, vocabulario, pronunciación, cultura general; hoy la decadencia en contenidos populares es abrumadora. Pero no me quedaré en la forma, es cierto que a pesar del estilo, algunos locutores o líderes de opinión llegan a conclusiones muy afiladas y logran movilizaciones y causas exitosas. Pero nos hemos centrado en la denuncia mediática, no confiamos en las instituciones de procuración de justicia, preferimos linchar mediáticamente a un presunto delincuente, y mientras así sea seguiremos siendo el país de “no pasa nada”, el número uno en impunidad, fuera de un efímero quemón en los medios. Y si se trata de “gallones”, pues menos. La mayoría de la gente no ha querido al presidente, pero no existen los mecanismos legales para cesarlo, sustituirlo, enjuiciarlo. Estamos en un sistema endogámico que no permite la crítica y el único recurso que tenemos para expresar nuestra inconformidad es el voto; el voto amañado, comprado, anulado, manipulado o exangüe. Con qué poco nos conformamos para garantizar nuestro futuro y el de las siguientes generaciones.



Me preocupa la educación porque cada vez se diluye más ese lenguaje común -si es que existiera-, esa plataforma cultural básica que permite el diálogo entre generaciones y clases sociales. Los códigos de un grupo se cierran para otros; nos convertimos en pequeñas células, tribus, ghettos, bandas incapaces de convivir con el diferente, con ese “otro” que permite reconocer las diferencias, contaminar las culturas y enriquecer la diversidad y la pluralidad bajo un principio de respeto, en paz, sin violencia.




Saber de dónde venimos (históricamente) es un derecho que pocos ejercen, pues lo único que importa para la sobrevivencia es lo inmediato, lo reciente. Manejar conceptos como ética, filosofía, civismo, geo-política, arte, ciencia, economía, lógica, sociología, cultura, empatía, democracia, pluralidad, es indispensable para generar un diálogo entre iguales (ante la ley) y mejorar la calidad de vida. Porque no sólo es tener más, pagar deudas y cambiar lo viejo por el último modelo, es no tener que explicarle tu cosmovisión a cada individuo con quien te topas para poder recibir lo que necesitas; es no tropezar con un zombie en cada estación que no sabe por qué está ahí ni para qué, ni le interesa; es aspirar a que cada encuentro humano en realidad lo sea, y no sólo nos confundamos con humanoides cumpliendo funciones mecánicas que van a ser sustituidos por robots en tres años.




No esperemos a que se resuelva la disputa por la reforma educativa para educarnos. Superemos aquello de “Aprender a aprender” que, como todo lo que toca el poder se ha corrompido, vuelto un slogan vacío y sin sentido, y apropiémonos el conocimiento que nos haga falta para construir nuestros sueños y vivir como queremos, no como podemos o como nos dejan.






Pensando en esto y viendo los resultados de las últimas evaluaciones de tercero de secundaria en matemáticas y lenguaje es que se me ha ocurrido trabajar un proyecto integral, multidisciplinario, utilizando los recursos mediáticos y digitales con los que disponemos ahora, y poniendo toda la atención en las necesidades individuales de los participantes, para irnos poniendo al corriente en esa base de conocimientos semilla que debemos tener y generar un pretexto de aprendizaje colectivo. Esto se llama Disrupted, Laboratorio de ideas. Si quieres saber un poco más de esto, pícale aquí.






José Manuel Ruiz Regil
Poeta, publicista y analista cultural




sábado, 17 de febrero de 2018

El Matalote 4

Regreso al humanismo
      

I

No es por hacerme la víctima, ni es mi intención justificar nada, pero en veinte años de actividad profesional como creativo publicitario, guionista, locutor y analista cultural, he sido partícipe y testigo de cómo ha cambiado la visión de las actividades tradicionalmente llamadas humanistas frente a otras que, únicamente, están enfocadas a producir, ya no digamos productos y servicios para los consumidores, sino grandes ganancias económicas -entre ellas el tráfico de influencias. Y miren que el medio publicitario se presta mucho para eso -como todos; no se diga la política.




El neoliberalismo rampante y ciego se nota en todos los procesos de desarrollo y producción; desde la escuela hasta el mercado laboral donde oficios, antes bien valorados porque elevaban el nivel de prestigio de quienes los ejercían y los consumían, ahora son despreciados porque no se les reconoce ya una utilidad práctica. Qué tiempos aquellos cuando ir a discutir una idea con Don Eulalio Ferrer era asistir a una lección de buenos modales, consideraciones éticas y expresión impecable. Tuve un muy buen amigo - yo en mis veintes, él en sus sesentas-, pianista de vocación y broker de seguros, Juan Viguria, quien me acercó materiales invaluables en copias fotostáticas (Theillard de Chardin, Antony de Mello, Auspensky, Maharishi y la meditación trascendental, el cuarto camino, budismo zen, por no hablar de las decenas de cassettes con conferencias y música clásica que me obsequió). También otro broker, Carlos Gurrea, que además era fotógrafo y publicaba en National Geographic y en Image bank. Él me enseñó a leer una fotografía por cuadrantes y me aconsejaba “tirar película, que es lo más barato del oficio” .“Charrampion” me decía, cuando nos encontrábamos en los elevadores de la aseguradora.




Yo salí de la Universidad de la Comunicación en 1992. Desde entonces ya se batallaba mucho en las empresas con el presupuesto para comunicación y publicidad. Veníamos de una época conocida por los que la vivieron como “la danza de los millones”; fueron los ochentas, donde producir un comercial para una marca era pretexto para vivir una bacanal de órdago, en medio de lujos y extravagancias exorbitantes. Fue la época de los grandes creativos “artistas”; sí, muchos directores de arte y creativos fueron pintores y escritores muy conocidos años después o en paralelo, entre ellos se cuentan desde Dalí o Picasso hasta Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Nacho Padilla. La publicidad era una forma de vida; las drogas, los viajes, la prostitución, los grandes despilfarros y la fiesta constante -algunos se quedaron ahí. A mi generación le tocó, acaso, el último refilón de aquello que empezó en los sesenta.




Los recortes en presupuesto tanto en la macroeconomía como en la micro siempre fueron dirigidos en primera instancia a las actividades publicitarias, pues estaban posicionadas como gasto suntuario, un lujo, nunca vistas como inversión; a cultura y educación. ¿Deveras los directivos de las empresas y altos funcionarios del gobierno no sabían que esa industria era su principal aliado en la creación de imagen, opinión y percepción de la realidad? Pensaban, entonces, que sólo era el pretexto que la chamba les daba para convivir con modelos exclusivas, salir de casa unos días y ponerse hasta el copete sin gastar un solo peso de su bolsillo? Como no entendieron eso se les hizo fácil eliminar lo supuestamente superfluo. Y desde entonces, capacitación y publicidad han sido sacrificadas en aras de una política de austeridad.




Agradezco que en la Universidad todavía tuviera materias como Antropología filosófica, sociología, psicología, análisis cultural y periodismo, y en la Sogem Historia de la cultura -ahí sería pecado no haberla tenido-, con el maestro José Antonio Alcaraz, quien se sabía la vida de alcoba de casi todos los personajes y funcionarios de su época. -Ah, Beatriz Espejo, también. Ahora sólo enseñan guiones para t.v.-; en prepa, etimologías y ética; lo mismo que en secundaria civismo, con el Lic. Agustín Yañez, quien “off the records” nos enseñó a tomar la botella de refresco levantando el dedo meñique como una antigualla monárquica que algunos todavía conservamos. Todo esto combinado con historia y literatura hace del bachiller un individuo consciente de su entorno, del “otro” y de su responsabilidad como individuo trascendente. Máxime si se es alumno de una escuela católica donde, además de esas materias se cursa religión y se va a la capilla en los descansos.





II

La tecnología nos dinosaureó en un triz. Los cambios de los últimos años en el lenguaje, la forma de vestir, los dispositivos que se usan, los antros que se frecuentan marcan una severa diferencia. Hoy impera la velocidad y la rentabilidad; todo es negocio. Y no es que esté en contra de ello, o de la riqueza y el bienestar material, sino que se soslayan aspectos éticos en busca de una ganancia económica a costa de lo que sea, y si no vas al ritmo, te quedas atrás. Y te quedas con todo eso que apropiaste durante años en tus reflexiones íntimas, en tus horas de lectura y en esas exquisitas discusiones con amigos y maestros; es decir, lo que no importa; con el tiempo perdido (desde la perspectiva materialista). Y pasarán años y tus saberes se irán perdiendo si tú no los conservas y los ejerces, y los compartes en pequeños grupos. Y no quedará nada del hombre más que su capacidad maquiladora, hasta que ésta sea reemplazada por los robots inteligentes, que te volverán a desplazar al desempleo y al ocio obligatorio.




No me crean apocalíptico (en términos de Eco), porque tengo una esperanza que persigo desde hace más de diez años al ver todo esto que les cuento: eso que hoy despreciamos mañana lo necesitaremos como el aire para vivir, para darle sentido a la existencia, para tener un propósito trascendente que no sea únicamente "aumentar en 50% las ventas del año pasado", el poder, la fama y el dinero. Volveremos a buscar con desesperación la armonía de la música, el silencio, el tiempo de ocio creativo -la nada- el gusto por la lectura, la poesía, la buena conversación, la comprensión de nuestro pasado, el homenaje a nuestros ancestros, el respeto al entorno, a los animales y a la tierra.

Para unos será resultado del éxito financiero, y al tener a su disposición todas las comodidades se inclinarán un poco más hacia la filosofía o el arte; para otros será un medio donde crecer y desarrollarse para generar una sociedad más equilibrada. (Por cierto que hace unos días me topé con la noticia de que un maestro suizo escribió un libro que se llama Por un comercio ético. Habrá que leerlo. Publiqué la nota en la página de facebook de Disrupted, laboratorio de ideas, por si lo quieren buscar.




Y ya para cerrar este Matalote sólo quiero decir que confío en el equilibrio del universo, y que podemos estar en un momento dado en un extremo y luego en otro; y aunque las tendencias externas sean tan frívolas estoy convencido de que en el interior de cada ser humano también se está despertando esa necesidad de contacto creativo, espiritual y de cultivo intelectual. Y es allí cuando se va a necesitar nuestra fuerza de trabajo, todo lo acumulado durante años de estudio y congruencia, para compartirlo con las nuevas generaciones, y con generaciones pasadas también cuyas circunstancias los llevaron a enfocarse a asuntos más prácticos, dejando de lado las sutilezas del espíritu y la sensibilidad.





Hace más de diez años que intento llevar el arte y la cultura como una estrategia de bienestar y desarrollo entre los equipos de trabajo en las escuelas y en las empresas. No ha sido fácil. La radicalización hacia el modelo regido por el retorno a la inversión en términos cuantitativos ha sido un buen obstáculo. Ya es tiempo de empezar a evaluar también las inversiones cualitativas que reflejan sorprendentes resultados en el rendimiento de los trabajadores y en el índice de felicidad.




Ya viene, ya viene la era del humanismo. A pesar de la oscuridad que amenaza el fin del hombre único, ya viene también el reconocimiento del potencial humano como la salida al infierno materialista que hemos creado; y el descubrimiento de una nueva humanidad, más ética, libre y creativa.





José Manuel Ruiz Regil
Poeta, publicista y analista cultural

miércoles, 14 de febrero de 2018

El matalote 3 (¡porque usted lo pidió!)

El circo        


Traía dándole vueltas en la cabeza a la pregunta: ¿Cómo hacer un comentario sobre los pre-candidatos a la presidencia y a la jefatura de gobierno? No quería repetir lo mismo que todos dicen, ni hablar de corrupción u honestidad como garantes de eficiencia en un puesto tan importante. Y resulta que mi primo Armando Regil, Presidente de IPEA, invita, a través de su Facebook, a decirles algo a los contendientes. Aquí va mi respuesta.

Señores y señoras, me siento profundamente indignado por el circo de tres pistas que han montado en torno al evento electoral. A los ciudadanos nos mienten y engañan en la cara y nada podemos hacer sino aceptarlo, resignarnos o superarlo, como bien lo apuntó el “preciso” una de tantas veces que hizo de las suyas. Del pre-texto para justificar las pre-campañas ni hablemos. Malísimas todas. ¿Por qué? No es solo un capricho mi calificación. Además, de lo que se ha analizado con Suckerman en su programa La hora de opinar -la hora de empinar- y otros espacios tele y radiofónicos, basados en encuestas, cada vez menos creíbles; yo pregunto ¿qué, acaso, hay una agencia de publicidad y productora del gobierno que genera estos materiales tan grises y entumidos (propaganda política, en sentido estricto, no “comerciales”; aunque lejos de divulgar una ideología tratan de malvender un producto a consumir, que es el sujeto en cuestión) y tienen como mandatorio que sean todos iguales?; igual de estúpidos, insensibles y vacuos; igual de institucionalizados y acartonados; igual de lejanos y utópicos, faltos del sentido común y del humor?

Señor Pepe Meade (mid), candidato del PRI, ¿cuál fue el resultado de su pre-campaña? ¿a quién le ganó? ¿quienes fueron sus contendientes? -¡Ah!, que fue dedazo, verdad? De caerme bien, me cae bien; se me hace una persona decente -que ya es mucho decir-, probo funcionario en las áreas que le ha tocado desempeñar (¿?), pero ¿eso garantiza que tiene las competencias necesarias para la presidencia? Yo creo que como burócrata de excelencia se necesita un perfil muy diferente que para para ejercer el mandato del pueblo, que requiere de muchas y contrastantes habilidades. Por eso se ve tan raro en su campaña. Usted es un hombre de escritorio; debe sentirse ridículo jugándole al Chamula. Pero de que lo está haciendo bien, ni hablar. Yo votaría por usted, sin temor, si no tuviera detrás toda una maquinaria bien aceitada y reluciente que ha demostrado por décadas que el voto del pueblo sólo le interesa para seguir en el poder; es decir, que la política económica que se persigue es la de enriquecer más a los ricos y -como decía mi abuelita Mila- cubrir el expediente con los pobres para que sigan ahí. Los necesitan.

Anayita, tendrás el apoyo de tu generación, pero los trapitos que te están sacando a orear develan que funcionas igual que tu oponente. De los principios que rigen tu partido no queda nada en tu actuar, si acaso el discurso, falso y lejano. Te has enfocado en desacreditar al PRI y no creo que sea inocencia de tu parte, sino estrategia de PRIAN para repartirse el botín por debajo del agua. Ese frente que te dejó al idem ¿qué tramará? ¿También ganaste ante tus contendientes enfrentados, o te cedieron el lugar por tu carisma y tu vena lírica?

Al “Peje” le digo: “Cállate chachalaca” (Peje dixit). Ya está bien posicionado señor López Obrador. El pueblo lo trae en la médula. Lo trágico es que no sabemos si para bien o para mal. Después de tanto tiempo en pre-pre-pre-campaña su lengua le está haciendo daño. Es el único que ha presentado una idea de nación. Lástima que en muchos rubros se parece a una nación decimonónica infectada por un nacional-socialismo con tufo a dictadura -y Venezuela está tan cerca- donde la realidad del siglo XXI parece no caber. ¡Aguas con las ilusiones ópticas del bienestar repentino! A veces la apertura simulada es pura cerrazón. ¿O es que, acaso, Putin va a financiar sus caprichos?


Ay, Margarita, Margarita, ¿por qué te saliste del partido? Enfrentarte a Anaya en las internas, eso sí hubiera sido una verdadera contienda. Pero se te hizo fácil. Ahora vas a tener que compartir con el Jaguar y El Bronco, pero ¿Alguno de ellos querrá compartir contigo? A ver si tan equitativos. A mí me gustaba Ríos Piter para presidente por su formación como economista y abogado, su trayectoria en el servicio público y origen; sí, clasemediero como yo. Pienso que es desde ahí donde se puede tener una sensibilidad hacia las otras esferas del espectro sociocultural y tomar decisiones equilibradas. Porque lo que ha sido el “chapatingo”, como le dice mi suegra a Mancera. (Ya sé, estoy comparando peras con manzanas).



Querido Pedro Ferriz, me entusiasman tus ideas, tu energía y el empuje que muestras. Te he respetado y aprendido como comunicador desde hace más de veinte años, y sé que eres un profesional de excelencia, pero, ¿de ahí a la presidencia? Valoro y respeto el trabajo heroico que has hecho para que el requisito de las firmas sea, en tu caso, honesto y transparente. Alejandro Rosas te tildaría de “idealista trágico”, porque sabes que no vas a subir a la boleta. Pero haz de traer tu plan ranchero. Tu discurso es lo que necesitamos: volver a confiar en los valores, en las utopías, en el esfuerzo invencible. Sé que el cíclope a vencer es un gladiador muy curtido, y puede hacernos pedazos. Tampoco votaría por ti, Pedro. No porque no puedas o no cuentes con las características de presidente, sino porque una cosa es comunicar y motivar y otra muy distinta es decidir sobre el destino de millones de familias, de muchos Méxicos, de culturas diversas, sin caer en la tentación del caudillismo, y -te he visto reaccionar en corto-; tu arrogancia clasemediera, seguro estoy, te haría actuar de manera paternalista con los hermanos indígenas de diversas etnias que tienen necesidades tan distintas y que, sin embargo, están amparados también por la Constitución. Un tema por demás prioritario para tratar de resolver las grandes desigualdades de nuestra patria.


Estimada Marichuy, sé que no aspiras a la presidencia, sino a ser la voz emancipada que representa esa parte diversa de la sociedad mexicana que parece no estar contemplada en el plan de nación desde hace siglos. ¿Tenemos representación indígena en el congreso? Habría que aumentarla, no?


Acabar con la corrupción institucionalizada, crear una policía -como la gringa, la española, la inglesa, o la noruega- bien capacitada y bien pagada; crear fuentes de empleo no sólo para obreros u oficiales, sino para todos los niveles y profesiones, y homologar la educación como en Francia y la mayor parte de Europa, donde las diferencias socio-económicas no se sospechan, precisamente, por ese barniz maravilloso que es la cultura común. 


Estas y otras ideas u ocurrencias que se oyen por aquí y por allá tienen que ser una realidad ya, pero no pueden estar aisladas, sino formar parte de un plan estratégico de nación, donde quepamos todos, no sólo los que conocen a fulanito de tal. Muera el Mirreyismo y la Ladycracia. Hagamos del régimen republicano y democrático el imperio de la ética.



A mis imaginados lectores les digo: Edúquense. Inscríbanse al seminario permanente Disrupted, laboratorio de ideas y discutamos aquello que nos inquieta.


José Manuel Ruiz Regil
Poeta, publicista y analista cultural

lunes, 3 de agosto de 2015

¿Estás list@ para la próxima pregunta?


Interrelación de las disciplinas en el Arte Contemporáneo

   


La dialéctica histórica entre la tradición y la revolución ha generado polos de actividad centrados en la especialización de las disciplinas, así como momentos de profunda integración del conocimiento. De esta manera lo hallado en la disección de un oficio, más tarde se vuelve materia prima de un caldo rico en nuevas perspectivas que engendran, a su vez, otras áreas de exploración. 

De la edad media al renacimiento al clasicismo al barroco al neoclasicismo a las vanguardias del siglo veinte podemos rastrear el desarrollo de una cosmovisión que ha conformado al individuo contemporáneo como ese momentum en el que confluye toda la experiencia humana.

La tendencia a la súper-especialización en las diversas disciplinas del conocimiento, fomentada desde mediados de los años cincuenta del siglo pasado hasta la década de los noventa, enfatizó la fractura de una conciencia integral del mundo –en términos de entorno y de realidad subjetiva- y ha sido la base del individualismo que hoy asuela nuestras comunidades. El sentido común, que ahora es el menos común de los sentidos, ha dejado de ser la norma, pues el grado de sensibilización generado por las diversas percepciones tamiza el abordaje de la realidad, privilegiando ciertos valores, que en términos prácticos acaban siendo regidos por las conveniencias de mercado y los hábitos de consumo.

Las artes y las ciencias no están exentas a esta dinámica. Sin embargo, tradicionalmente han caminado hermanadas, nutriéndose mutuamente. La poesía ha nutrido a la música; la literatura a la pintura; a su vez la danza y el teatro han sido motivos pictóricos. Pero más allá de lo fenoménico, de imitar la realidad, o de traducir los temas de una a la otra, hay mucho que las disciplinas en tanto meta-lenguaje y tratamiento que pueden aportar en términos de sinestesia, es decir, la confluencia de sentidos para aprehender una realidad; y de esta manera conocerla, develar, descubrir, entender y apropiar la experiencia estético-filosófica

El arte contemporáneo no sólo se nutre de otras artes, sino de todas las disciplinas del conocimiento a su alcance: la ciencia, la tecnología, la biología, la lingüística, la astronomía, la antropología, la economía, la política, la medicina, la filosofía, las matemáticas, la estadística, la botánica, la metalurgia y cualquier otra tarea que aporte una luz sobre el conocimiento del cosmos y el hombre en él. La estética y el arte –que por otro lado habría que precisar su divorcio histórico- se nutren y atraviesan estos campos, generando lenguajes complementarios, mixtos, cuyo mestizaje ofrece una plasticidad conceptual única en la historia. Ejemplos de ello los tenemos en los edificios inteligentes que combinan la ingeniería de alta especialización con una arquitectura bio-sustentable, la moda, la música fusión, la gastronomía y el performance, por mencionar sólo algunas de las expresiones más visibles dentro de la escena contemporánea.

Para un individuo hoy en día es muy normal acudir a una sala de cine y asimilar el contenido que se le ofrece, o en un día cualquiera estar conectado a una red social, al tiempo que escucha un programa de radio en línea, twittea o comparte en Facebook una opinión o un material audio-visual, habla por teléfono, envía o recibe un correo electrónico, al tiempo que se traslada en un transporte público. Esta multimedialidad nos es transaccionalmente muy accesible, es decir, ya la hemos asumido como parte de nuestra contemporaneidad, de nuestro andamiaje de supervivencia, pero ¿somos conscientes del discurso que generamos al poner en marcha este concierto de fractales? Ignorar la episteme que todo esto entraña nos puede mantener en un nivel de superficialidad sorprendente, de un a-criticismo peligroso, y perdernos de una gran riqueza sensible, emocional, psicológica y hasta espiritual. Evidenciarla, significarla, confrontarla, develarla, es tarea del artista.

El cineasta inglés Peter Greenaway declaró a principios del tercer milenio “el cine ha muerto; viva el cine”. Apunta a que la forma tradicional de transcribir las historias de la novelística decimonónica al séptimo arte, ha caducado. Ha hablado de la tiranía del texto sobre la imagen. Sin embargo, propone la creación de piezas efímeras, únicas e irrepetibles, casi como aquella sátira de Giovani Papini en que retrata al artista de la escultura inmaterial. Pues ya hemos llegado a ese punto. El arte contemporáneo, inaugurado por las post-vanguardias (años 40 del siglo 20) según nos recuerda la crítica Avelina Lesper en su artículo más reciente del 14 de septiembre, La herencia maldita, cuenta ya con una fuerte tradición que le pesa, que, incluso, lo lastra. Pero asistimos a la apertura de la era de la creatividad donde toda esa búsqueda de más de un siglo eclosionará en un nuevo arte de interrelación, no sólo estética, sino política, social, económica e ideológica.

Esta dialéctica que va de la especialización al eclecticismo marca la marcha de la historia del arte entre la revolución y la institución. El individuo crítico debe contar con herramientas de juicio que le permitan conocer el detalle, así como el contexto global de un concepto, una idea, una tendencia, y utilizar su capacidad de síntesis para digerir los diversos discursos que nutren su tesis y extraer de todo ello una propuesta personal. Este viaje de ida y vuelta de lo micro a lo macro y de regreso debería ser la vía de alta velocidad del creador, autor, gestor o artista contemporáneo, como sea que se quiera denominar; curador, crítico, objetor de conciencias… en cuyas estaciones de servicio hace un alto para nutrir sus sentidos del devenir global, al tiempo que depura, en la reflexión íntima un lenguaje propio en el que se reconocen fragmentos de otros lenguajes también, pero decantados.

Otra de las herencias que es necesario asimiliar de la era de la alta especialización es la dilucidación de las fronteras entre los diferentes compartimentos estancos en que se encuentra dividido el conocimiento. Los géneros se mezclan, los límites se diluyen, las hibridaciones y mestizajes resurgen nuevamente enriqueciendo el ADN cultural con expresiones de diversas etnias, ritos, tradiciones y culturas.

Hasta hoy el éxito del trabajo consistía en hallar la información, en tener la respuesta a tiempo. Hasta hace pocos días el juego se llamaba velocidad. Pero ya no basta tenerlo todo a la velocidad de un click. Hoy el juego se llama CREATIVIDAD.

¿Qué haces con todo lo que sabes, con toda la información que tienes a mano? ¿Cómo la procesas? ¿Cómo generas nuevo conocimiento a partir de ello? ¿De qué sirve tener almacenados miles y miles de terabytes de datos inútiles si no los pones a jugar entre sí; si no creas a partir de ellos una nueva realidad?

Cabe aquí la reflexión sobre la reproductibilidad de los contenidos, la revisión y la reinterpretación, caminos muy transitados por el arte actual.

Conferencia introductoria, segundo día por: José Manuel Ruíz Regil

viernes, 14 de diciembre de 2012

Cósimo, poeta





 
Novela maravillosa del escritor italiano Italo Calvino: "El Barón Rampante". No sé cómo no se ha hecho una película basada en esta obra, sería preciosa. Toda ella es un poema. Cosimo, el personaje principal, decide subir a los árboles a la edad de doce años, y no bajar nunca. Pero desde las altas copas, de una rama a otra, crece, ama, lucha, viaja, piensa. Sobre todo ésto último. Su vida se convierte en un acto de rebeldía hacia la humanidad, que es la esencia del acto poético.

Encaramado en las horquetas hace frente a las más simples complicaciones que impone la fuerza de gravedad, el clima, los animales. Redacta leyes, lee muchísimo, y con el tiempo se gana la confianza de los habitantes de la comarca de Ombrosa. Su actitud es una lucha pacífica contra la necedad de vivir "con los pies en la tierra", del orden, aparentemente lógico, de las cosas. De esta forma vence -convirtiéndose en su principal amigo y guía literario-, al ladrón más temido, derrota a los piratas, acaba con la amenaza de los lobos, es admirado por Napoleón, combate en la revolución; todo, sin bajar un solo pie.



Viejo y enfermo, desaparece trepándose al ancla de un globo, que pasaba rozando la copa de un pino. En su tumba se lee : 'Vivió en los árboles, amó la tierra".



La historia es narrada por su hermano, quien recuerda, ya en su vejez, la vida de el Barón, que es una exaltación de ética, de amor propio, de voluntad. Una forma singular de decir a los hombres de la tierra que vuelvan el rostro a las alturas, hacia lo elevado; una metáfora de la humildad, la sencillez, que exigen los más altos valores de la persona.

Si Erasmo elogia a la locura como la forma de afrontar la realidad de la vida, Cosimo supera el delirio y hace de su vida la más cuerda y temible poesía. 

José Manuel Ruiz Regil, 1994.
Analista cultural.