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viernes, 22 de agosto de 2014

Transitar por los caminos riesgosos del poema*

Por Juan Carlos Castrillón
Poeta y experto en Contra-culturas.



Si uno va por la calle, sin pensar demasiado, tropieza con milagros. Todo está calculado, y al fin lo que llamamos azar puede ser algo deseado y, por eso sin pensar provocado.
Gabriel Celaya

En su libro "Testamento del Caminante" José Manuel Ruíz Regíl logra lo inusitado, sublimar armónicamente  tradiciones aparentemente contradictorias en la profunda historia de la poesía mexicana; que de hecho, para numerosos críticos y estudiosos ha escindido nuestra literatura en dos bandos irreconciliables: Por una parte, el grupo Contemporáneos (Gorostiza, Villaurrútia, Novo, y todos ellos) con su enorme reconocimiento por parte del Estado, sus filias y fobias, y su innegable talento e influencia; por la otra, la creativa radicalidad de la vanguardia, expresada en la aún no bien estudiada ni asimilada obra de los Estridentistas (Maples Arce, Arqueles Vela, Litz Arzubide, y muchos más casi desconocidos) con su urticante sentido del humor, su experimentación constante con el habla popular, y sus sanas intensiones de escandalizar a las "buenas conciencias".

Estas dos míticas generaciones, que todavía dan mucho de qué hablar, son representadas contemporáneamente por las figuras de Octávio Paz y Efraín Huerta, y logran darse la mano en el pomemario escrito por Ruíz Regil. La eterna ciudad de México-ese churriguerezco engendro de voluntades antagónicas-funge como cómplice enamorada, nunca inmutable, nunca callada, de las lascivas intenciones del poeta. El verso tumultuoso de José Manuel se va alargando, se va adensando en ese terso trayecto obsesionado con la horizontalidad de las formas, hasta convertirse en versículo, para luego arrivar pleno al poema en prosa. La cuidadísima puntuación es suprimida de golpe para ayudar a la vertiginosa fluidez del texto que bien puede leerse, escucharse o atestiguarse como un solo poema, una sinfonía, o una experiencia cinematográfica, de una psique individuada que recorre con delectación las aún asombrosas entrañas de la urbe. La poética con la que la voz lírica consigue dar unidad y soltura a todo este tinglado de imágenes, es aquella que recomendaba el norteamericano William Carlos Williams-que podía escribir poemas sobre experiencias como contestar el teléfono, o subir una escalera-la poética de lo cotidiano. Esas nímias experiencias, pequeñas en apariencia, que llenan de multiplicidad toda nuestra vida, y que adquieren su verdadera dimensión cuando son reubicadas por lo inesperado, lo trágico, lo milagroso, o la mágica visión lírica, que todo vivifica, que todo exalta, que todo subvierte. Así, hechos tan sencillos como caminar, estar en un parque, andar en bici o en motocicleta, o simplemente  despertar en un día cualquiera se convierten en verdaderas aventuras, en deslumbrantes odiseas de profundas sensaciones, reconocibles por cualquier lector. Aquí encuentro otro gran acierto de este libro, ya que la intensa poesía que contiene es culta-que no culterana- pero de raigambre netamente popular; está dirigida al hombre, a la mujer de a pie, sin falsas poses, se habla de tú a tú con cualquier hijo de vecino, lo seduce-utilizando principalmente 3 tipos de imágenes: imágenes auditivas, táctiles, y visuales-lo reta a desentrañar metáforas audaces, y por último lo invita solidario a acompañar al autor en sus extensos road poems, o poemas de viaje. Esto emparenta estos textos con otros grandes poemas del siglo pasado: Uno es Avenida Juárez, del ya mencionado Huerta;el otro es el Afilador , de la olvidadísima poeta modernista Marìa Enriqueta, ahí podemos evidenciar la misma intensión de conmover a través de la alquimia gozosa  de la canción.

Termino mis reflexiones precisamente con una cita tomada del Testamento del Caminante:

Caminar es la experiencia invisible de transformarse y mudar, tan íntima como el aire que respiro o esa voz que me susurra "ahora por acá."

Gracias José Manuel por arriesgarte a abrir brecha en la espesura alucinada del mundo poético para mostrarnos el camino.


*Texto leído en la presentación del llibro el 20 de agosto de 2014 en el Auditorio José Martí de la Ciudad de México.

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