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viernes, 22 de agosto de 2014

Testamento vivo del caminante, una lectura al más reciente libro de José Manuel Ruiz Regil*

Por Adriana Tafoya
Poeta y Editora.


Hay fósiles que reptan las entrañas del futuro Carcomen en bandada los abismos de la realidad No cuento ya con alas ni dragones tan solo mi aliento que no cesa El ímpetu volátil de mi letra La carne viva del sollozo Es tan distante aquí que el hueco pareciera un mar de tumbas Y bisontes de fuego ... no dejes más guerra en el fluido que hiel sobre los libros realizados El mar, el cielo la carne y su fogata harán de esta vejez materia nueva.
            Así con estos versos reflexiona el poeta José Manuel Ruiz Regil en el Testamento del caminante, libro que es muestra de ese quehacer poético que puede llevarle al escriba toda la vida; empecinamiento aplicado a la pelea con el mundo, con su país y más cercano con él mismo y sus palabras, pues la palabra sigue siendo, en sí y su significado, un enigma para todos, a pesar de ser utilizada con normalidad en lo cotidiano. Y a pesar de que pensamos las palabras tienen un sentido, cada individuo posee también una interpretación propia, que aunque similar a la nuestra, se traduce en otra intención, y que a fin de cuentas siempre logra hacer presente la discrepancia; recordemos que aunque entre comillas hablemos el mismo idioma, estamos sumergidos en una Babel invertida y subterránea.
            Con esta introducción abro paso al Testamento del caminante, reciente poemario de Ruiz Regil, donde le da voz a lo urbano y guarda distintos personajes que están todo el tiempo rodeándonos y en algunos momentos de nuestra vida, hemos tomado sus roles. Efectivamente convirtiendo nuestra vida en una enorme obra de teatro donde los roles son intercambiables. Cuando entre el lector a sus páginas, va a encontrar una poesía de enorme claridad y emoción, a pesar de que utilice algunos tecnisísmos, pero aún así, logrando una excelente conjunción entre lenguaje urbano y lenguaje culto.
            También encontrará que su poesía está hecha para leerse en voz alta y eso en nuestros días es un verdadero mérito puesto que nos habla de que está empapado de lo que requiere el lector de la actualidad que es no sólo leer, sino escuchar el poema; como lo fue con los poetas de antaño: interpretarlo en propia voz y llevarlo a su contexto, puesto que la oralidad actualmente ha tenido un resurgimiento por esta necesidad pública de acercarse de primera mano a la poesía y el poeta, además del cambio psicológico del bardo que ya se cansó de escribir solo para sí, pues ha descubierto que la palabra está hecha para compartir con el otro y poder producir ese diálogo interminable que es la poesía.
            José Manuel también tiene esta necesidad del acercamiento con los demás para no encerrarse en sí mismo o en el club de los poetas solitarios que se reúnen para leerse entre ellos como una especie de club de Tobi, o club de solteros. Sin embargo, Ruiz Regil es fiel a la tradición de los poetas nacidos en su generacion, la generación de los 60, que define en propias palabras Juan Carlos H. Vera, en la introducción de su antología Animales distintos, muestra de poetas argentinos, españoles y mexicanos, nacidos en esa década (Ediciones Arlequín), como poetas en los que es frecuente "encontrar la división estrófica y el corte del verso acordes al sentido gramatical de las frases versales, pero la mayoría practica el juego con los espacios en blanco, las frases parentéticas y en fin, opta por la experimentación verbal y por el metalenguaje a la hora de escribir sobre el arte poética personal", para comentar posteriormente que al menos "en esta antología queda de manifiesto que los poetas se arriesgan a ir más allá del verso libre y de la mera creación de imágenes para encarar la anécdota y, acaso, por la necesidad de decir lo que el rigor del verso suele impedir (...) como escribiera Paz entre el contar y cantar y que nuestros poetas casi siempre resuelven, sin caer en la crónica o el relato. Y por lo que se refiere a los temas (...) trasciende las atmósferas íntimas, confesionales y se exponen a los espacios abiertos y a los 'otros'. En varios casos está el viaje como descubrimiento, y la ciudad  como personaje, en este tránsito se instauran las perspectivas para mirar con nuevos ángulos y matices los objetos del mundo, los seres y las personas". 
            Y en efecto, en Testamento del caminante, José Manuel, se empareja con el fenómeno generacional y más aún, con el tono de los poetas mexicanos, chilangos, nacidos por estos mismos años. Por el tono urbano y sus cantos a la ciudad siempre comparada y asimilada con naturalidad a la madre, a la amada, y en otros casos, a la prostituta, aunque esta última comparación, al autor, definitivamente no le gusta. Así el libro, entra en la más clásica tradición de los cantos a la ciudad. Cabe mencionar que muchos de los poetas de su generación en mi experiencia personal como lectora, poeta, como editora y promotora cultural, muchos de ellos, son de tonos grises, sin grandes aspavientos, otros muy religiosos de registro bastante común, pienso se debe a que nacieron en una época donde el país estaba en una de sus depresiones más profundas (como desgraciadamente sigue sucediendo actualmente). Pienso estos poetas decidieron resolver su poesía así, pero afortunadamente para José Manuel, con un poco de ironía le toca nacer en el 68, año tanático para toda la sociedad mexicana, donde seguramente estuvo permeado ya desde el vientre por la angustia, la incertidumbre, el miedo, y el encabronamiento, que estaban flotando en el aire y por supuesto también en los pensamientos de la gente de todo el país. Por mencionar algunos poetas que nacieron este mismo año, están Miguel Ángel Esquivel, Ángel Rafael Nungaray, Cynthia Pech, Mario Bojórquez y Hugo Garduño, este último, de registros poéticos poderosamente contestatarios. Esto habla de que esta belicosidad, el poeta Regil, también la comparte con sus contemporáneos y compañeros de cunero, y efectivamente, lo hace notar en versos donde manifiesta ironía y crítica social.

            El libro en general tiene muy buena unidad y despierta las emociones, aparte, de como dije anteriormente, tiene la cualidad de que los poemas en su mayoría están hechos para leerse en voz alta. De los más bellos puedo mencionar Óxido de cielo, A pesar del mundo, Deefe, Un lienzo de Klimt, Concierto matutino (obertura / varia) y por supuesto el Testamento del caminante, donde se nota su destreza en mezclar el lenguaje estilizado y el urbano para crear su propia estética. Mis felicitaciones a José Manuel y mis felicitaciones a ustedes por tener la oportunidad de acercarse a este libro. 

*Texto leído en la presentación del libro el 20 de agosto de 2014 en el Auditorio José Martí de la Ciudad de México.

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