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domingo, 15 de junio de 2014

Más allá del umbral de lo desconocido



“La mer, la mer, tourjours recommencée.”
El cementerio marino, Paul Valery

Mare primo es una extensa colección de pinturas en óleo y acrílico de pequeño y mediano formato; dibujos, fotografía, video y escultura, del artista mexicano Manolo Cocho, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte FONCA-CONACULTA,y que a través del programa de intercambio cultural con Italia, iniciativa de Grupo 78, al frente del cual se encuentra la curadora María Campitelli, y con apoyo de otras instituciones, se ha logrado exponer en la Galería Lux de la Ciudad de Trieste, este año de 2014.

A decir del Sr. Giorgio Parovel, director de Lux: “Creo que el valor artístico y cultural de la obra de Manolo Cocho nos ayuda a redescubrir y ver bajo una nueva luz todo lo que nos rodea, interpretando un mundo distinto al nuestro pero lleno de tradición, historia y cultura… Tener la oportunidad de trabajar junto a él es descubrir cómo es posible infundir entusiasmo y amor hacia el arte y la naturaleza en sus diferentes aspectos, especialmente en aquellos por cuya simpleza vemos pero no observamos, realmente… Mi sensación es no sólo la de haber conocido a un embajador de los valores artísticos y culturales de las civilizaciones arcanas de México, sino a un hombre, a un artista y principalmente a un maestro”.

Pintar los reflejos del mar, sin pretender hacer un retrato hiperrealista (fotográfico), sino dar una visión pictórica, contemporánea, donde el trazo y el contraste de la luz y los matices de los materiales generen, no sólo la ilusión de movimiento y transparencia retiniana que se necesita, sino que evoquen, además, las profundidades inconscientes del individuo es una tarea que se antoja no fácil a estas alturas del lugar común, cuando la representación de las marinas, las puestas de sol y los reflejos han sido monopolio de los jardines del arte y las casas de cultura.

La propuesta pictórica de Manolo Cocho rebasa con mucho estas estampas costumbristas y se sumerge en el inmenso oleaje de su trayectoria técnica, para extraer reflejos de otras épocas, contrastes fantásticos, impresiones, transparencias, fractales donde la composición no retrata a la naturaleza, sino construye un imaginario a partir de elementos conocidos como el color, para dimensionar profundidades que el cerebro reordena como paisajes, playas, horizontes, cielos, peñascos, resacas, abismos submarinos. Olas rompiéndose en las comisuras de la realidad. Tormentas que son manchas, escurrimientos, accidentes magistralmente delimitados por un oficio que no busca el preciosismo, sino el equilibrio, la armonía dentro del caos, y hace de la realidad un pretexto para la abstracción representativa.

El valor agregado de esta colección de improntas oceánicas es que, ya que no se limita a la imitación, sino que plantea ante el espectador un juego de símbolos, uno puede sumergirse en el inconsciente y navegar las singladuras subjetivas que a cada quien despierten los cuadros, considerando que, como plantea el autor, el océano es la metáfora de la gran mente, la red de redes de donde surge todo lo posible y lo imposible. 


Estados emocionales y psíquicos aparecen cuadro a cuadro en una sucesión aleatoria de la conciencia: tristeza, abatimiento, resquemor, duda, angustia, resignación, ahogo, náusea, confusión, deseo, contradicción, alumbramiento en esta danza de colores convocada por la música del pincel en estas piezas divididas en series:

Mirrow, donde la experiencia océanica es envolvente y uno forma parte del inmenso y sus profundidades; Subconscious, códigos submarinos, lenguaje cifrado de correspondencia extra-terrestre;  Signs, pistas que buscan una dirección donde significar nuevos territorios; Infinity, escotillas terrestres donde lanzarse a la contemplación infinita de ondulaciones y mirarse en el espejo del subconsciente para encontrar la imagen verdadera de sí mismo; Archetypes, talismanes arcanos, llaves maestras que abren el portal del subconsciente tribal, y Eye, dos videos que son claraboyas hacia el mundo mítico, (Triton eye), y al hipnótico del subconsciente, donde yacen los misterios del mundo emocional (Sea eye).

Y ya que fondo es forma, Cocho aprovecha el díptico para introducir el sintagma de la flecha; la línea con sentido. Columna vertebral que se enrisca, se anuda, corre o se interrumpe por la suspensión espacial que el silencio entre paneles le otorga. Osamenta petrificada, Axón coralino en que se enredan las algas del tiempo. Planos entre realidades de diferente densidad matérica. Alba, canícula y ocaso. Nubes pintadas sobre la pintura de una abstracción que evoca la más lejana realidad, acaso tan íntima como el saberse consciente.

“Si analizamos la línea; el recorrido de la trayectoria de la nave-flecha, encontramos una referencia a los trazos creados en la obra del maestro británico Richard Long, uno de los padres de la instalación land-art o earth-art, cuya referencia también se encuentra en el tejido de las obras de Mare Primo, y los trabajos precursores de este proyecto. El efecto de la obra de Long imprime lo sutil pero profundo como norma, el acento preciso colocado por el artista encima de cosas comunes que dejan de ser ordinarias en el momento que surge la reflexión sobre las mismas desde nuevos ángulos de visión”, (1)

El mismo autor nos da pistas para abordar esta colección en su texto de presentación, en el que nos señala como referencia inmediata la película Solaris de Andrey Tarkovski, 1972, en la que un lejano planeta está rodeado por un inmenso océano, que a su vez reproduce todas las representaciones mentales de sus habitantes. Este océano es una clara referencia al mecanismo creador de la mente. De la misma forma nos ofrece una contextualización cultural a través de las figuras que en las diferentes mitologías ha ocupado el símbolo del mar o el cielo como el padre creador. Incluso, refiere la teoría científica del origen de la vida de Oparin, para remontar en el tiempo y tener una visión abarcativa del enorme poder mítico y fundacional del concepto, de donde surgen los arquetipos de todo lo que hoy es posible conocer.

Me parece pertinente sumar aquí algunas ideas que se desprenden, asimismo, de la interpretación que hace del poema de Paul Valery, el poeta mexicano Roberto López Moreno, en su texto Mar: tumba cuna tumba cuna (2), pues hermana el sentimiento humano que inspiró al poeta de Séte y a Cocho ante el inmenso misterio acuoso y, seguramente, contribuirán a dimensionar la lectura de esta propuesta.

“Qué es el mar sino una inmensa tumba en donde todo se concentra y de donde, finalmente, después de una serie de reacomodos y aleaciones, procedemos todos, impulsados por la energía dinamizada desde las profundidades, en donde el sueño podría ser sueño eterno, pero se mueve cumpliendo con las leyes de su nacimiento… y de su muerte. Reacomodos y aleaciones construyendo la existencia manifestada en seres vivos y objetos inanimados que, sentenciados por la dinámica de la marea, igual, se mueven, ¿hacia su vida? , ¿hacia su muerte?

Y más adelante explica: “Si el mar es la tumba de lo que no nada, esta tumba no es oscura, sino por el contrario, está plena de un fulgor enceguecedor y lo que no vemos no es por la sombra, sino por el estallido de luz del mediodía encendido en sus fuegos. Entonces, el mar, la enorme tumba de agua, es una tea, y si vamos en el morir hacia esa tumba, no vamos a ella por la sombra, vamos por la llama”.

El artista plástico como el poeta pretenden alcanzar el conocimiento a través del poema (creación), “la poesía, siempre al borde del abismo nombrado”. (López Moreno, 2013).
En este sentido las piezas que ofrece el autor son resultado de un largo y profundo proceso de maduración artística y personal; testimonio de los tesoros y monstruos hallados en esa secuencia de acciones físicas y psicológicas de las que se desprenden varias vetas que podemos admirar.


Esta extensa colección de piezas está dedicada a la memoria del Maestro Alejandro Santiago, quien falleció este mismo año en México. Amigo entrañable y guía del autor en la magia del pensamiento no-lineal, quien decía que “la vida es un acto de poesía pura, proveniente del susurro del oleaje del universo”.

Acerca del trabajo de Manolo Cocho, María Campitelli comenta: “Su trabajo es la demostración poética –redundante en estallidos visuales, simbólicos y semánticos- de una idea que crece a partir de alimentarla con un amplio rango de disciplinas que van de la filosofía a la ciencia y la mitología en un impetuoso estallido de un conglomerado de materia y espíritu, que viaja a través de los dibujos y trazos, ya sea del pasado o del presente, en una proyección hacia  el futuro.

Su intención principal está dada  en las cimas de la ciencia de vanguardia, en una trayectoria no lineal de los sistemas de redes que crecen infinitamente, en una escala progresiva de complejidad, de acuerdo a la teoría del caos. Sus piezas en cientos de versiones, todas ellas de una gran intensidad, llenas de motivos gráficos interrelacionados así como también de una escritura libre cromática, sabiamente pictórica llena de alusiones simbólicas, se convierte en la traducción visual de sus hallazgos cognitivos y de sus convicciones. Son como las páginas de un libro que utilice imágenes intensamente significativas, más allá de las palabras, para darnos cuenta de su percepción acerca de lo que rodea nuestra realidad en relación con el cosmos. Aquí la ciencia y el arte se conectan a la manera en que Leonardo trabajó durante el renacimiento”.(3)

Mare primo es un largo y profundo viaje de inmersión en las aguas del misterio. Será por eso que el autor elige esta frase como emblema de la muestra: “The subconcious is the gate of infinity”, para invitarnos a cruzar el umbral de lo conocido y re-encontrarnos en un nuevo orden, en el abismo profundo del origen, en las corrientes inesperadas que desafían la dimensión del tiempo y el espacio; y nos reconozcamos a través de sus piezas, esas que pueden ser vistas a través de una mascarilla de buceo o en la desesperación de la apnea que provoca la supuesta realidad.

José Manuel Ruiz Regil
Arte Duro.

(1)  Texto de presentación de Manolo Cocho.
(2)  Mar: tumba cuna tumba cuna, de Roberto López Moreno, en Elogio al oficio 13 carteles de poesía, Ed. UAM Azcapotzalco, VersodestierrO, compilación, prólogo y selección e Carlos Gómez Carro.

(3)  Texto de presentación María Campitelli.

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