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miércoles, 17 de octubre de 2012

5to. boletín de arte y estilos de ARTE DURO Curators & Dealers 17 de octubre de 2012



Gracias a la generosidad del Lic. Salvador Chávez, ARTE DURO Curators & Dealers asistió el 15 de octubre a la mesa redonda “Poéticas del creador entre el artesano y el artista”, organizada por Mycellium Organicum, galería de arte operada por Adriana Martínez. En el marco de la exposición de Betsabé Romero, La ciudad en un hilo, curaduría de Elia Stavenhagen, en el piso 51 de la torre mayor, se reunieron creadores diversos para compartir, desde su experiencia personal, la influencia del arte popular o artesanía en el lenguaje del arte contemporáneo, para abrir la discusión al público, conformado en su mayoría por artistas plásticos y coleccionistas.

Moderados por la maestra Martha Turok inició la charla con un video que mostró el resultado de la bienal Arte/sano entre artistas, que se presentó de octubre del 2011 a febrero del 2012 en el Museo de Arte Popular, donde se exhibieron 76 obras de 61 duplas de artistas y artesanos, con la idea de “rehabilitar nichos de trabajo entre creadores, sumar creatividad, destreza, magia e inspiración en un objeto, donde el resultado de dos posturas, de dos visiones, de dos magias, permita al espectador disfrutar y descubrir las múltiples propuestas que brotan de mentes creativas”. El Universal 29 de octubre de 2011.

Posteriormente, la maestra Betsabé Romero hizo un veloz recorrido por su trabajo para exponer la razón del elemento llanta como síntesis del abordaje crítico a la modernidad e hilo conductor de la memoria del hombre. Los sellos o grabados que los neumáticos imprimen sobre diversas superficies evidencian el paso, cumbre y decadencia de las sociedades en diferentes momentos de la historia. Debido a la cercana colaboración que esta autora ha tenido con el artista Oaxaqueño Carlo Magno Pedro Martínez, Romero cedió la palabra a este representante del oficio colectivo quien declaró no importarle el término con el que se le llame; artista, artesano, artista indígena o popular, pues lo importante no es pertenecer a un grupo, sino crear. El reconocimiento lo tiene por parte de los autores que incorporan su “don” –como se lo reveló su madre- a su trabajo y es como él mismo da a entender que ha podido ingresar a las grandes catedrales del arte; incorporando su trabajo en el caballo de troya de otras firmas.

El maestro Ery Camara, museógrafo del Antiguo Colegio de San Ildefonso, expuso su preocupación por que al arte que viene de comunidades étnicas ya sea mesoamericanas, oceánicas, asiáticas, africanas o de cualquier otra latitud, se le denomine por su nombre, y esto permita el estudio y conocimiento de su tradición para que pueda ser incorporada al discurso contemporáneo como una aportación con código genético, y no simplemente como un exotismo susceptible de pillaje por los grupos dominantes del “mainstream”. Su vasta experiencia internacional le permite compartir una observación muy amplia, a la vez que puntual, sobre las tendencias de la historiografía artística. Sugiere hacer una revisión del estado del arte en el mundo, y en especial en México, para poder generar un diagnóstico que plantee diferentes estrategias para generar un acercamiento más real, productivo, sustentable, que contribuya a valorar la verdadera riqueza del centro y las periferias en un intercambio dinámico de mutuo reconocimiento.

Walther Boelsterly compartió la lección heredada de su padre, Médico, quien, cuenta, iniciaba sus conferencias haciendo un cálculo mental, para demostrar que si para el cerebro es más fácil sumar y multiplicar que dividir y restar, por qué los seres humanos nos empeñarnos en excluir al otro, en vez de integrarlo en una visión más amplia, aprendizaje que ha traducido en compromiso dentro de la gestión del MAP. Asimismo, compartió la experiencia técnica y humana que generó el trabajo de la bienal arte/sano entre artistas, como un ejemplo de trabajo comunitario en donde ambos mundos se enriquecen para beneficio del público y de la obra.  

Los asistentes participaron con ideas, puntos de vista y preguntas a la mesa que se alargó hasta el lounge del club Piso 51, donde un pequeño grupo siguió discutiendo las posibilidades de generar un movimiento que haga más viable la administración y difusión del arte en México. La presencia orientadora y generosa del Mtro. Ery Camara fue eje central de la charla. Un evento exitoso en su organización y prometedor en sus consecuencias.



El 16 de octubre se inauguró la exposición Dominio, de Alberto Castro Leñero en la Galería central del Centro Nacional de las Artes. La muestra sugiere una muy dinámica interacción entre las piezas a manera de frases o episodios biográficos, topográficos, axiológicos, incluso; articulados a partir de pequeños discursos, impactos o emociones, la mayoría de ellos súbitos, cuya reberverancia crea ramificaciones posibles. Cada uno resultante concreta de la miríada de opciones que el instante existencial propicia, y del cual el sujeto –en este caso el autor, como punto de partida del ejercicio- vierte su carga autobiográfica para seguir creando destino. 
Los complejos polípticos están dispuestos alrededor del perímetro del gran espacio, a manera de traza de juegos de dominó, sólo que en este caso el valor que ofrecen las fichas no se limita a los polos arriba y abajo, sino que entran en juego también izquierda y derecha, ofreciendo cuatro combinaciones posibles de ruta o de discurso. La composición de cada conjunto crea un cuerpo narrativo de contenido urbano, en ocasiones; botánico en otras, cuya transparencia, super-imposición o desfase de sus elementos y materiales compositivos, evocan lo diverso y mutante del tránsito cosmopolita, lo mismo que incorpora oasis de silencio y vacíos llenos de intensidad, ruido o armonía. 
La poética tisular de Alberto Castro, mantiene elementos formales que ligan sus propuestas, sin romper del todo el estilo que lo caracteriza desde hace años. La textura de su lenguaje sugiere, de alguna manera, una visión desde lo alto, que en la mayoría de los casos emplaza al espectador en un top shot; en el ojo del satélite, y al mismo tiempo evoca un universo microscópico, llevándonos por un viaje intersticial favorecido por la atmósfera de su paleta –si es que cabe aquí tan romántico artilugio-, pues los tonos a través de los cuales vela o trasluce sus objetos parecieran ser tinturas de laboratorio, reactivos que evidencian moléculas plásticas, en una investigación constructiva que incorpora, como en una sucesión de cajas de petri, nuevo material genético a la tradición.
    
En otros trazos, que son caminos que forman puentes que se concatenan, unidos por redes de gestos que abdican las fronteras entre un panel y otro, o maridan el color y la forma entre ellos, se intercalan los prefijos lingüísticos que han sido constantes en Alberto Castro: el estallido de materia sobre el plano, la sobreimposición de  rejas tridimensionales, escurrimientos controlados de evocación antropomórfica, escorzos evidentes situados en puntos de articulación sonora, donde la mirada da un vuelco ante la suma de elementos, y la percepción aterriza su dislate emocional para propiciar una anagnórisis polisémica de intensa mutación.


La gran dimensión de la galería pareciera ex profeso diseñada para albergar estos tramados que reciben al espectador al primer golpe de vista, y lo invitan a aislarse en cada escenario de manera cómoda y fresca, sintiéndose abrazar por los discursos particulares, y al mismo tiempo escuchando la sinfonía general como si de breves movimientos rítmicos y temáticos se tratara.

Dominio, de Alberto Castro Leñero, es la evidencia más clara del ejercicio de libertad, pues el camino que se abre ante la decisión es creador del instante único en el espacio e irrepetible en el tiempo.


 Vivir del arte, por el arte y para el arte

Directores: Lic. José Manuel Ruiz Regil.
               Lic. Claudia López Vargas.

Foto de Ery Camara por María Luisa Severiano.

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