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viernes, 3 de agosto de 2012

El culto equivocado, por José Manuel Ruiz Regil


 Dentro de la nave de X Teresa.
La propuesta escultórica de Eduardo Romo, Falsas Estructuras, que presenta en el museo X-Teresa Arte actual, del 13 de julio al 19 de agosto de 2012, nos ofrece dos grandes piezas de 12 metros de altura, hechas de madera y cartulina, dispuestas en la nave central. Estas dos columnas de desarrollo ascendente, emulan aquellos viejos obeliscos que marcaban en la antigüedad los dominios de un imperio. El obelisco, nombre de origen griego ("ojbelisko"), es un monolito en forma de aguja paralelepípeda erguida, con cuatro lados y coronada por una pirámide pequeña denominada piramidión. Su función parece estar firmemente vinculada al culto solar de Heliopolis, al identificarse esta construcción con el primer punto en el que se posaron los rayos del sol durante la creación del mundo, según la mitología egipcia. 



Los egipcios tenían por costumbre colocar dos de estas agujas a la entrada de cada templo, una enfrente de cada uno de los dos pilonos o torretas que daban acceso al mismo. Pero no solo eran símbolos del sol; también eran reconocidos como símbolos sexuales. “Aquellas gentes se daban cuenta de que a través de las relaciones sexuales se producía vida”. Y por esta razón el falo, órgano reproductivo masculino, fue también reconocido (igual que el sol) como un símbolo de vida y poder. Al propagarse la religión del libro a Roma, junto con ella llegó el uso de obeliscos como un símbolo de poder. En los años 37-41 D.C el emperador Calígula hizo transportar el obelisco de Heliópolis (Egipto) hasta su circo de las colinas del Vaticano, donde actualmente yace la Catedral de San Pedro. 

En esta reinterpretación del símbolo que hace Eduardo Romo, en su obra, una de las columnas, la que podría considerarse el elemento principal del conjunto, se yergue de forma vertical, pareciendo poco o muy curvada, dependiendo del punto de vista del observador. El desarrollo desmedido en su parte superior, crea la ilusión de que está a punto de caer. La otra columna se encuentra acostada en el horizonte, como si se hubiera caído momentos antes. La sutileza de la crítica del artista consiste en desvelar la orientación de la punta del obelisco, generando con ello la metáfora de la inversión de valores, la confusión y el desatino de una tendencia que crece geométricamente y está destinada a su propia destrucción; una mentira que al proclamarse como verdad crece tanto que no se contiene a sí misma y se viene abajo. La punta del piramidión se ha convertido en base, privilegiando como lo más alto el valor terrenal y soterrando a la base la sutileza espiritual, física imposible para cualquier estructura. En otras palabras: el derrumbe de una erección destinada a la impotencia.

 Retomando el origen sexual (creativo) de la construcción, la catástrofe entraña la posibilidad de cierto desarrollo espiritual; una erupción energética que obliga a la estructura a modificarse como lo explica la interpretación del Arcano XVI del Tarot. La Torre simboliza el agrietamiento de la Casa de la Doctrina. La torre es el primer edificio que aparece en la serie de láminas del Tarot, pero su color carne revela el carácter humano: los hombres caen de la torre, pero no se matan en la caída. 

Únicamente la corona de la torre está separada de la base. El rayo es la manifestación divina que lo obliga a tomar conciencia, a volver a encontrar la medida. André Virel escribe: “En el arcano XVI del Tarot la abertura de la corona (cabeza, centro) de la torre por el rayo recuerda el mito grecolatino que simbolizaba la toma de conciencia verdadera: la abertura con el hacha de Vulcano de la frente de Júpiter. La abertura de la cabeza humana o la abertura de la corona de la torre es la abertura del cielo, el punto de partida de la creación psíquica ¿No es Minerva, efectivamente, diosa de la sabiduría y de la razón, quién sale totalmente armada de la cabeza de Jupiter?” 

Las columnas de Romo, están construidas por una estructura de madera forrada con pliegos de cartulina, cuyo acabado emula la “piel de titanio”, con que el arquitecto Frank O. Gerhy recubrió el Museo Guggenheim de Bilbao, o como podemos ver en su adaptación chilanga al museo Soumaya de Plaza Carso, recientemente inaugurado, remitiendo, asimismo, a la pared de ladrillos de la iconografía medieval a la que nos referimos. Esta caricaturización que el artista hace del material, no es gratuita. Representa el falso atractivo con el que la institución católica pretende, hoy en día, blanquear sus sepulcros humeantes ante el destape de sus horrores históricos. Sin embargo, como dice la interpretación cabalística “No es la construcción misma la que está condenada, es su altura excesiva, su corona defensiva y pretenciosa; no es el hombre quien está condenado, es su orgullo”.


El discurso se refuerza de manera dinámica en el video que se presenta en la capilla de las ánimas, donde se aprecia la construcción detallada de la columna vertical por medio de líneas que surgen y se entrecruzan entre sí, hasta que su peso y disparatada geometría rompe con las leyes del equilibrio y se desploma. 

Falsas estructuras pone el dedo en la llaga de la congruencia; atisba a nombrar la paja en el ojo ajeno al tiempo que se compromete a reconocer la viga en el propio. Esta instalación confronta de manera inteligente y sutil, las debilidades de una institución que se ha anquilosado en la altura de su torre y se niega a romper la corona de su ego. Sirva el arma estética de Romo como el hacha de Vulcano para partir en dos la cabeza de la necedad y dar a luz una nueva Minerva, cuya fe alcance para todos.


FUENTES:
Revista Más allá de la ciencia. Agosto 1997.
“Babilonia, misterio religioso”, por Ralph Woodrow, cap. 5.
Diccionario de los símbolos, Jean Chevalier & Alain Gheerbrant.

1 comentario:

Quimera dijo...

Conforme más te leo, más curiosidad tengo por visitar la exposición. Seguramente el fin de semana me daré una vuelta.