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lunes, 6 de agosto de 2012

Aleg(o)rías de futuro*, por José Manuel Ruiz Regil


 El gigante de la selva.
Óleo, acrílico/tela 120 x 150 cms
Correspondencia natural supone el diálogo del “homo sapiens” con la bestia. Símbolo de un intercambio entre naturaleza y cultura que toca al artista percibir, interpretar y traducir. Grito urgente sofocado por el materialismo inmediato que ha sitiado las raíces de la actividad humana. Instinto que no se retrae, inocencia que no cuestiona los cambios, sino que padece conforme el destino le toca, libertad amenazada por escasez o desaparición de elementos.
La capacidad técnica de Victoria Gutiérrez  le permite ilustrar con dibujo profesional el objeto y generar un tratamiento atmosférico que alegorice su condición. Así vemos en la realista belleza flotante de la tortuga, la amenaza geométrica de los bloques inorgánicos que la rodean, anticipando la predominancia de una retícula predecible frente a la incertidumbre orgánica del instinto. El aparente tumulto en “franjas” puede sugerir el momento preciso de iniciar una estampida ante la presencia de un depredador (obviaré suponer cuál para no ser redundante).  Pero la vida ha demostrado ser más creativa que la muerte. Su expresión la vemos en el detalle del amor elevado de la pareja de jirafas.
Los grandes mastodontes encabezados por el “gran elefante”, cuya presencia amenaza dejar el lienzo para iniciar carrera hacia nosotros, guarda en su expresión esa ternura que viene del perdón, pero que al mismo tiempo lo acompaña una ancestral rabia contenida. No es casual que al igual que al león se le retrate solo, a diferencia del rinoceronte o al hipopótamo, que aparecen en familia. Su imagen se mantiene hierática, mitológica todavía, como si a pesar del dominio que la especie humana tiene sobre él, asomaran todavía resquicios totémicos que nos hacen temerles, aún en su (aparente) indefensión.

 Jirafas
Acrílico, carbón / tabla doble giratorio 21 x 15 cms.

Reflexión que no incomoda, autocrítica a manera de espejo que es testigo del paso del tiempo, y devuelve, todavía, más belleza que terror; inspira más que condena. Alegorías caóticas que está en nosotros convertir en alegrías cósmicas.
 Los óleos y bronces de Gutiérrez marcan claramente la línea fronteriza entre la decoración y la propuesta estética, sin descuidar la seducción de un lenguaje accesible en su discurso para el gran público que – coincido con Samperio- estará gustoso de integrar a su ambiente cualquiera de estos cuadros. Sin duda, yo le abriría la puerta de mi casa al “Gran elefante”, a los delfines “de paseo I”, por su intenso color azul y amorosa sonrisa, o a uno de los pendones oníricos que no se nombran.

*Este texto se publicó en el número 54 de Galería Urbana, del 1ro de Julio del 2009. 

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