Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta arte curativo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte curativo. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de junio de 2014

CARTA ABIERTA AL DR. ÁLVARO RODRÍGUEZ TIRADO, DIR. GRAL. CENART

24 de junio de 2014
Dr. Álvaro Rodríguez Tirado
Director General del Centro Nacional de las Artes
P R E S E N T E


Desde muy joven intuí la relación que podía haber entre la ciencia médica y las artes creativas. Es así que a lo largo de mi variopinta formación fui acumulando experiencias y conocimientos que concretaron esa ilusión y ampliaron el horizonte de oportunidades para la aplicación de este maridaje disciplinar a favor del cultivo de la salud y el tránsito por la enfermedad como un camino de auto-conocimiento y transformación.

Definitivamente, una experiencia que catapultó mi motivación hacia estos temas en los años ochenta fue la historia del Dr. Hunter (Patch) Adams, a quien años después contacté a través de su página web y algún libro donde narra su experiencia de colectividad y sanación, a través de la creatividad y la risa en su rancho de Virginia.

Otro texto inspirador también fue el libro que recoge las experiencias de la Dra. Mary Rockwoodlane y el Dr. Michael Samuels, quienes dan testimonio de la aplicación de los programas de Arte en medicina en hospitales de Florida, Los Ángeles, Francia, Alemania, Australia y otros países del primer mundo.

Inspirado también por el libro del Dr. Alfred Tomatis, El efecto Mozart, y por Sonidos que curan del Dr. Mitchel Gaynor, así como por lecciones de física cuántica patrocinadas por Fritjof Kapfra y otros títulos que los crecientes años noventa del siglo pasado estaban dando a la luz, y mi exquisita formación holística en Iztac Multiversidad, la Escuela de Medicina del Westhill Institute, el Instituto Mexicano de Estudios en Longevidad, el Yoga Center  y el International Kinesiology College, decidí enfocarme al tema con ánimo creativo y práctico. Así es que fundé Arte y Curación, una suerte de consultorio-escuela,  y  construí un seminario de dieciocho horas llamado Arte curativo, en el que se exploran cuatro lenguajes básicos (la escritura, el dibujo, la danza y la música) a través de ejercicios motivacionales que resaltan las habilidades creativas innatas del individuo orientadas hacia un fin específico: la sanación. Asimismo, se exploran algunas de las artes curativas como el auto-masaje, el Yoga, la meditación, las flores de Bach y la Kinesiología, y se les mira como una experiencia estética, asociándolas con el arte.

Este programa fue impartido en centros de salud como Yambarí Spa, El museo de la Ciudad en Querétaro, el Centro Holístico Vida Armónica y el Centro Holístico Xilami. Todas estas experiencias las llevaba a un programa de radio que se transmitió por Radio Fórmula Querétaro todos los sábados del 2003, Caleidoscopio de vida, que yo mismo producía y conducía. 

En esta búsqueda por hacer llegar el curso y la visión del arte y la cultura como herramientas prácticas para la vida, quise orientarme hacia las empresas, donde se encuentra gran parte de la población económicamente activa y dispuesta a nuevas experiencias, cautiva en un solo lugar. Así es que tuve alguna experiencia con Seguros Monterrey, en la fusión de Daymler-Chrysler, Nestlé, siempre en fusión con otras compañías de desarrollo como Valinca, o Adelanta Consulting; en el Hotel Spa La pitaya, en Hacienda-Spa  Sepúlveda, en la formación de terapeutas.

El ejemplo contundente de que en Europa Unilever estaba haciendo transformaciones internas a través del teatro y la música, así como la aparición de artículos sobre el tema en revistas como Líderes y el boom de la risoterapia alentaron mi propósito, fundé MOMENTUM eclosión multidisciplinaria, arte que promueve el rendimiento y comencé a hacer propuestas en Bimbo, Motorola, Pfizer y Procter / Gamble, mismas que no culminaron con éxito, a pesar del entusiasmo y el convencimiento de algunos de sus ejecutivos, pues los indicadores de desempeño con los que suelen medir sus proyectos no sirven para evaluar las habilidades blandas que se desarrollan con la creatividad. Hace falta encontrar la unidad precisa para reportar el Retorno a la Inversión de estos programas.

Di conferencias sobre salud holística en Sport City y en el Instituto Mexicano del Seguro social con el convencimiento de que tarde o temprano los artistas-terapeutas podríamos infiltrarnos en el rígido esquema de la medicina institucional, lo cual no ha sucedido todavía.

Ni los cursos sobre terapia del arte, ni las charlas introductorias, ni los testimonios cada vez más impactantes de remisiones espontáneas en presencia de la acción creativa en todas partes del mundo, ni los cientos de publicaciones han podido incidir en el dogmatismo cientificista de las cúpulas de la administración médica para darle cabida a programas que se acerquen mínimamente en nuestro país al enfoque integrativo de la medicina actual.

Lo más cercano a la realización del sueño de amalgamar estos dos polos de una misma bendición han sido los foros de arte y empresas en los que participé con la empresa Expandart en 2008, 2009 en el Museo de Antropología de la Ciudad de México y en el Palacio de Bellas Artes, respectivamente, en los que ha quedado manifiesto que la expresión creativa, el contacto con el arte y la música, favorecen el ambiente laboral y fomentan la integración. Pero todavía se queda muy lejos del verdadero efecto transformador de la creatividad en cada individuo. Todo esto sigue viendo al artista y al arte como algo lejano, ajeno, distante de la vida cotidiana.

En 2011 junto con mi esposa, Claudia López Vargas, fundamos Sombra Personal Coaching y Arte Duro Curators / Dealers,  para separar los temas del desarrollo personal, el esoterismo y la terapia de los de la promoción del arte y la crítica. Sin embargo, sentimos que ambos proyectos forman parte de nuestra experiencia y visión conjunta.
En 2013 asistimos al 1er. Congreso de Arte y Negocios en el Centro Cultural Coyoacán Hugo Arguelles. Fue toda una semana de testimonios y charlas sobre cómo vivir haciendo arte en México. Algunos ejemplos de éxito como la revista Algarabía, de la Maestra Pilar Montes de Oca, el Festival Internacional Cervantino; casos aislados de personalidades solares como el físico Juan José Díaz Infante, que puso un satélite en órbita, con el apoyo de CONACULTA, o el sesgo comercial que está explotando Blackberry al fomentar conciertos en su foro, son ejemplos que inspiran y motivan a seguir cada quien con su sueño. Pero, la verdad es que no hay una industria, ni políticas públicas ni programas que permitan a una persona física emprender una idea sustentable a partir de sus talentos. O si las hay, como en el caso de la incubadora de empresas de la Secretaría de Economía, o ahora el Instituto Mexicano del Emprendedor para PyMES, no tienen la visión de los indicadores necesarios para argumentar la inversión de capital y tasar el Retorno a la Inversión real en este tipo de economía creativa.

Lo único que queda después de experiencias de este tipo es la satisfacción de saber que somos muchos locos pensando parecido, pero que todos nos las vemos negras para sobrevivir. Fuera de eso no sé de reuniones de seguimiento o de planes y acciones donde se haya aterrizado el aprendizaje obtenido de estas jornadas.


Recientemente, ha sido muy grato asistir al seminario Arte y Ciencia: Terapia y Pathos en el arte, que realizó el CONACULTA, a través del Centro Nacional de las Artes los pasados días 19 y 20 de junio de 2014, donde se abordaron diversos temas relacionados con la creatividad y la ciencia, desde una perspectiva institucional. Se antojaba que aquello estuviera nutrido de eventos artísticos donde quedara patente dicha colaboración. Aún así la muestra en video de la exposición de la Maestra Calatayud no fue suficiente para que los asistentes visitáramos la sala. Hoy en la ciudad se exponen varias muestras que podrían haber sido mencionadas (Museo Universum, Museo del Eco), la conferencia sobre la historia clínica de Wagner no aporta al debate, es anecdotal. Lo que interesa, en todo caso, es el estudio del efecto de su música en el cuerpo y en las emociones.

La calidad del discurso de la mayoría de los ponentes fue exquisita. Todos maestros en su materia, sobretodo, los del lado científico. Sin embargo, el enfoque que se le sigue dando al arte no llega a ser tan claro como el papel de la ciencia. Todavía al arte se le ve desde cierta distancia, quizás hasta más inasible que la ciencia. Hay muchos más mitos y misterios hacia la estética que hacia la física. Y eso que no se habló de estética, tan sólo de creatividad.
Una delicia escuchar hablar a Jorge Volpi sobre la ficción del self, y al Dr. Prospéro, así como oír el reclamo puntual de la Maestra Sabina Berman cuando dice que urgen narrativas de colectividad. Efectivamente, la narrativa del individualismo no nos ha permitido integrarnos y comunicar nuestra riqueza.

El ejemplo más conmovedor y contante es el de Emiliano Gironella Parra, quien no sé si por una suerte de rebeldía hacia su propia historia o como consecuencia de la misma ha tomado la estafeta para volcar su energía facilitando la creatividad de grupos de niños huérfanos de padre, víctimas de la guerra contra el narcotráfico. Los acompaña de manera terapéutica a vivir su duelo y a transformar su realidad en un cuadro lleno de esperanza. La frase del niño en el video que grita “Me encanta esto” es insuperable.
Sin embargo, me preocupa que estos ejercicios creativos, que no tienen mayor técnica ni apoyo estético, entren pronto al circuito comercial del arte y se ostenten como tal, lo cual sería grave, y más si es promovido por un artista de la talla de Emiliano.

Considero que este encuentro ha tenido un gran valor y que sería una pena dejar que se diluyera su impacto en otro evento más sin seguimiento. Propongo una serie de mesas de trabajo o talleres para discutir, desde la perspectiva de la sustentabilidad educativa y económica, la incorporación de la experiencia de muchos de los asistentes a programas de ciencia y arte relacionados con la visión del Centro Nacional de las Artes, a través del cual, quizás, se pueda establecer un vínculo con la Secretaría de salud, de economía,  y la de Educación Pública para aterrizar los enormes beneficios que esta visión holística reclama.

Agradezco el tiempo, la atención y la respuesta que sirva dar a la presente y me despido de usted enviándole un abrazo fraterno.

Lic. José Manuel Ruiz Regil
josemanuelruizregil@gmail.com
Facebook
/ArteDuro
/Hablar de libros
/Los cuentos del capitán
/Sombrapersonalcoaching
/Sombrapersonalcoaching

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Ocurrencia no hace discurso, sobre las ascuas del facilismo, por José Manuel Ruiz Regil




No hay que confundir las expresiones contemporáneas de creatividad que surgen con la sobre-estimulación mediática y el exceso de información, con el canon del arte contemporáneo. A éste último se le atribuyen muchas piezas que si bien son producto del presente, no clasifican dentro de la categoría citada. Sin embargo, no es fácil, en estos cruces ideológicos, hallar la hebra que nos dirija con claridad hacia una definición concreta, medible y real de lo que es el arte hoy en día. Si a lo largo de la historia no lo ha sido, hoy, en medio de una gran confusión de valores ese ansiado acierto se antoja casi imposible. Sobretodo, cuando la oferta oficial –el mainstream- para usar la jerga de la industria, dicta el sí y el no de acuerdo a los gustos de mercado. Un mercado, por cierto, cada vez más caprichoso e ignorante; que busca la satisfacción inmediata, el placer facilón, la risa regalada o el status que le de lo que en esencia carece. Y para satisfacer esa demanda está el creciente y generoso bono demográfico, que en este país está a punto de ser obseno: 14.2 millones de jóvenes, de los cuales una gran parte, ávida de poder, reconocimiento y fama instantánea correrá a afiliarse a las filas del narco, o se erigirá como futuros Orozcos, si es que su voracidad capitalista no combina ambas opciones. 

Sin embargo, es importante ubicar dentro de la categoría creativa - esa respuesta natural del individuo ante los problemas; esa sublimación de la realidad doliente en algo más vivible; esa transformación del entorno amenazante y agreste en martirio religioso y penitencia que busca redención, el valor real de las búsquedas individuales, de los manifiestos colectivos -si es que los hay-; de las luchas generacionales -si es que éstas se gestan en la unidad. 

Los individuos nacidos en los ochentas han sido criados y lanzados al mercado bajo el signo del “rating”. Inmersos en el culto a la personalidad piensan la trascendencia en términos de audiencia, y miden su éxito en puntos de popularidad. Eso es lo que nos ha enseñado la cultura mediática, de la que no están exentas las expresiones culturales, y dentro de ellas el arte. Es cierto, el dogma actual dice que si no sale en la tele no existe. Este fenómeno es exponencial en internet. El “boom” de las redes sociales nos ha permitido fungir como editores de nuestro propio medio. Y es ahí, en ese espejo de narciso, donde nos reflejamos, nos reconocemos y nos validamos ante una pequeña comunidad complaciente y acrítica, acostumbrada a consumir televisión chatarra y publicidad como las expresiones más altas del pensamiento a la mano.

La preocupación de la crítica Avelina Lesper es urgente, válida y puntual, pues exigir a un autor un juicio crítico, apertura, dominio técnico y capacidad de ejecutar un discurso plástico, amén de las justificaciones curatoriales, es tarea mínima de cualquier individuo que se precie de ser autor. Es importante desbrozar los intereses de mercado del ejercicio filosófico, de la búsqueda creativa que permite a un artista hallar una veta dentro de su lenguaje creativo, no sólo plástico, sino literario, musical o de cualquier índole estética que elija, y contribuir a la creación de conocimiento, a repensar la realidad a través de los sentidos. Si aquello alcanza la categoría de arte se defenderá por sí mismo. Entonces, vendrá la siguiente parte del proceso de socialización del arte que será la exposición en galerías, museos y/o colecciones privadas. A partir de entonces ese producto cultural obedecerá a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, la especulación y el intercambio. Pero no antes. Por lo tanto, habremos de saber diferenciar muy bien su valor estético del comercial. Confundirlos es lo que hoy se está volviendo un disparate.


Pero si el asunto del artista es la creación, su compromiso es con el tiempo. Y lo efímero de una moda no permite establecer ese diálogo necesario con la historia.  Aquí topamos con una aparente paradoja: ¿Entonces de qué vive el artista? La respuesta es: No hay artista monotemático. La diversificación le es natural. Todo artista, por tradición ha sido oficial de su disciplina. Esto le ha permitido llevar su lenguaje técnico-filosófico hasta sus últimas consecuencias, lo que se supone le ha otorgado una voz propia. En el camino existen una gran cantidad de acciones remunerables asociadas a su tarea. Es conocido el caso del pintor que hace diseño, del escritor que escribe anuncios publicitarios o hace periodismo, del fotógrafo que desarrolla su obra personal paralelamente a su trabajo comercial; el músico que hace jingles, etc. Y curiosamente son éstos los que se destacan en su medio por ese “toque artístico” que le imprimen a su trabajo. El problema es que muchos de los artistas contemporáneos (actuales habría que decir para no sobrevaluarlos) no tienen un lenguaje depurado, ni dominan una técnica, ni aspiran a la maestría de oficio alguno, lo cual los pone en una posición desventajosa para sobrevivir, y es por eso que buscan el beneficio mercantil de sus ideas, sin tener el sustento ejecutivo que requieren, vendiendo justificaciones curatoriales, como bien lo apunta Lesper.

Esta ansia mediática por el reconocimiento es lo que nos ha confundido. Estamos exponiendo talentos antes de consumarse, consolidando carreras antes de cimentarse, batiendo hierros antes de templarse en el frío de la disciplina y el silencio, y todo por una urgente        necesidad de alcanzar la inmortalidad… en vida. Padecemos una sobreexposición de trabajos que deberían quedarse en el ámbito privado para madurar y hallar su resonancia universal; disfrutarse en el pequeño coto de la familia, los amigos o los conocidos, como una muestra de osadía, talento y creatividad que sirva de estímulo para generar un diálogo comunitario, crear lenguajes y expresiones individuales.

Muchos ejemplos de arte producido con materiales de desecho, con basura, con estambres o inscritos en un pristinismo técnico quedan en el terreno de la manualidad, el arte decorativo, la artesanía gastronómica, incluso el arte curativo, disciplina que puede ser un catalizador de talentos, pero que dista mucho de insertarse en la creciente enciclopedia de historia del arte. Al respecto de esta última categoría quiero abogar por su alto contenido terapéutico, e invitar a quienes se saben o se sienten artistas; o al menos creativos, a que miren sus creaciones con la humildad con que se nombra la medicina que alivia sus dolores de cabeza, sus calambres emocionales, sus inflamaciones existenciales, antes de autoerigirse como la más reciente revelación de la feria en turno, porque una ocurrencia no hace discurso.

 Calle de Dolores e Independencia.
Lo que es de rescatarse en medio de esta gran exaltación es el impulso hacia la búsqueda de nuevos lenguajes, hacia la experimentación, el humor, la creatividad cotidiana, desembarazada de la expectativa de obra de arte, desnuda de objetivos mercantiles o ideologías de marca, que permite una expresión social, que crea cultura. Sepamos exigir a los autores la seriedad ejecucional de sus ideas, y reconozcamos en su justa medida esa inercia chabacana y desparpajada que heredó la irreverencia de un mingitorio hace casi cien años, pues si bien rara vez otra propuesta ha alcanzado ese momentum, el espacio tiempo que ha generado deberá decantarse pronto hacia nuevas expresiones que nutran el canon de los años por venir. Hemos de estar atentos a no inhibir esos egos estimulados por la posibilidad de transformar, crear, parodiar, apropiar lenguajes que ayuden a convertir el día a día en un ejercicio lúdico capaz de convertirse en un oficio útil, y quizás más tarde en un arte. Lo que sucede es que el ente social está tan acostumbrado al estímulo estroboscópico de la televisión que aplaude casi cualquier cosa, y no aprende a discernir que la mirada del arte, si es que a algo aspira, está más allá del instante consumible y desechable. 

Las arenas movedizas de estos tiempos mezclan muchas aguas que al beberlas producen la locura de la opinión sin fundamentos. Retomando la inquietud de la crítica Lesper en torno a la psiquiatría y el arte (ver artículo sobre el Síndrome de Diógenes en su blog), hay que recordar que en la dialéctica histórica la sociedad condena hoy lo que mañana propiciará. Muchos individuos han transitado por el canal de la locura atados a la soga de la creación. Quizás, de no ser por su actividad artística, consciente o no, habrían terminado en un manicomio. Y no son pocos los poetas, filósofos, pintores que conocieron esta experiencia en carne propia, sin que esto demeritara sus hallazgos. Porque antes que nada el arte es hallazgo.

Sí, tal vez sea ahora la moneda del marketing la que defina si habrán de ir al pabellón psiquiátrico o al museo. Ellos tienen el derecho de creer su verdad y llevarla hasta las últimas consecuencias. Lo mismo que el espectador deberá saber discernir entre aquello que le brinda una experiencia estética, espiritual que enriquezca su vida y contribuya a entender su momento histórico, o lo desprecie cual basura, más allá de lo que el “artista” exponga y el curador disponga.