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jueves, 19 de abril de 2018

El Matalote 16


Preguntas




¿Serán estas elecciones las que pongan fin al sistema de corrupción, engrasado cada seis años para seguir funcionando, como bien lo dijo en los ochentas el ahora Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, la dictadura perfecta? ¿Descubriremos la verdad detrás de las promesas del “opositor” oficial, que ofrece un socialismo de ensueño para los que nunca han tenido nada? ¿Será el fin de la guerra sorda, las alianzas de conveniencia entre economías primermundistas y el fin del ser humano como producto consumidor de productos?

¿Adónde irán los miles y miles de emigrantes, refugiados, exiliados, expulsado, apestados que valen menos que la tierra que los vio nacer? Quién abrirá sus brazos para recibir de ultramar al hermano desconocido que pide agua y pan en las marismas de una frontera?

¿Cuántas bombas, misiles, torpedos, ojivas, tanques, armas largas, cuchillos, granadas, incendios, derrumbes seguirán tras los niños que apenas comprenden cómo son las cosas y no se explican por qué les tocó ser de los malos? ¿En nombre de qué dios se firmará la paz? ¿Cuántos ejércitos son necesarios para exterminar el alma? ¿Desde qué drones y con qué arma infernal seguirá muriendo nuestra historia, los monumentos, las catedrales, las mezquitas, templos y sinagogas; los símbolos de la cultura, las evidencias de que hubo un tiempo en que el ser humano se alimentaba de algo más que solo papel moneda? ¿Hasta cuándo la mentira -o debo preguntar desde cuándo-, la injusticia, el cinismo, la falta de empatía social, el valemadrismo, la inmediatez, la mezquindad como moneda de cambio, el cuerpo como objeto de lujuria o comercio, la mente como ornamento, el sentimiento como estorbo y el poder para nada como meta final? ¿Cuándo brotará una idea que no responda a la ambición de una cartera, sino al latir de un corazón enamorado del hombre, y en vez de prohibir y criminalizar la espontaneidad, se sume al canto de la libertad? ¿Quién es quién para decidir sobre la vida y la muerte, el uso y abuso de la biología, la ingesta de nutrientes o drogas que alivien un poco el dolor de existir? ¿Qué dios poderoso, mesías, líder o ideología va a cuadrarnos en los límites de lo que verdaderamente somos, y empecemos a crecer, sin compararnos, sin que la competencia necesariamente destruya al otro, y la envidia marque la agenda de los mediocres? ¿Qué gen asesino se necesita para desaparecer por encargo cuarenta y tres, ciento cinco, ocho mil, tres millones, negros, latinos, turcos, somalíes, húngaros, griegos, sirios, egipcios, tzotziles, mayas, chontales, mijes, tarascos, mixtecos, nicaraguenses, salvadoreños, costarricenses, guatemaltecos, mojados mexicanos, indocumentados y doctorados que dan su vida por vislumbrar a lo lejos una pequeña luz de esperanza que en su país ya se ha apagado? ¿Será verdad ese mirage colectivo o solo está en su corazón y en la mente de un ser humano primitivo que prefiere creer que con su esfuerzo logrará cambiar las cosas -al menos para sí-, y no vencerse bajo las ruedas de fierro de un tren maldito donde, si tiene suerte, tal vez sólo lo violen y lo asalten y sólo pierda las piernas, para llegar a la garita y emprender el viaje de regreso al infierno? ¿Qué será de tantos niños que el año pasado no tuvieron clases porque sus maestros estaban “en la lucha”, y que no podrán aprender lo que no aprendieron porque hay cosas que se aprenden a un tiempo determinado o no se aprenden nunca, como el amor a uno mismo, el respeto a los mayores, la gratitud, la amistad, el asombro, que requiere un poco de inocencia y otro tanto de maldad? ¿Y si de pronto, todo fuera paz? ¿Inventaríamos la guerra para encontrarle sentido al tiempo, para sentirnos significantes ante la nada que nos parió y que nos recibirá en la tumba?




jmrr





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