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miércoles, 25 de julio de 2012

Huellas de lo inmediato, por José Manuel Ruiz Regil*


 "Héctor Javier Ramírez y El iluminado".

Héctor Javier Ramírez parece asumir su oficio con una aparente docilidad dhármica, aunque él mismo sea el primer sorprendido ante sus piezas terminadas. Es esto lo que quizás ha permitido que su trabajo camine por las rutas del éxito con aparente facilidad. Su pincel funciona como una antena receptora de una realidad que exige una disección muy fina de los hechos para llegar a la síntesis del elemento que la forma. Y con frecuencia observamos que el común denominador hacia donde apuntan sus conclusiones es el crimen, en cualquier forma; físico, metafísico, moral, ideológico. Crimen entendido como el delito grave, la acción indebida o reprensible que no debió haber sucedido, pero sucedió y sucede orgánicamente día a día. Las pruebas están a la mano. Cada pieza es una fotografía que muestra la escena post-mortem. Nos queda, pues, como expectadores, afanosos pero legos, desentrañar el misterio que pretenden revelar y sumarnos a la denuncia histórica que propone.

 "Las estrellitas en el cielo brillan, brillan, brillan."
El compromiso técnico del autor le permite articular un lenguaje gráfico preciso y pulcro. Los objetos de la composición se presentan de frente, sin veladuras ni sugerencia alguna más allá de lo evidente. No hay segundos planos ni atmósferas que nublen el mensaje. A veces con una crudeza que golpea a la vista. Sus alegorías, si acaso, son discursivas, nunca fantasiosas ni efectistas. Pero necesarias para nombrar aquello que por sí mismo no tiene, ni debería tener una lógica posible, como en “Las mentiras de mi maestro”, o en “Cría cuervos” donde se trae a cuento, acaso, el uso y abuso de las mentiras blancas en la educación y los mass media, pero que hienden su filo sobre la inocencia, cultivando la ignorancia institucionalizada. 

 "Migraña"

Aun en cuadros como “Migraña” donde podría alegarse un surrealismo de primera mano, el simbolismo cobra absoluta relevancia y es sustentado con un equilibrio gráfico entre la ligereza de lo inmanifiesto bajo la pesadez de lo manifestado.

Cuando Ramírez recibe el llamado de la sangre se lanza sobre el lienzo y traza lo que su interno le dicta. Hasta encontrar la congruencia con su estilo y ajustar su búsqueda estética a la experiencia de vida; hasta sentir que lo que trae entre manos va tomando forma familiar, nos es cercano o habitual, por terrible que parezca.

Las piezas que ahora presenta en esta colección la Galería Aldama Fine Arts operan como respuestas, reflexiones o provocaciones al interlocutor, acerca de los problemas y preocupaciones que a diario aparecen en las noticias o se escamotean detrás de una cortina de humo o una frontera de cristal. Una suerte de nota roja pasada por agua salpicada de humor negro y un poco de desencanto arropan su capacidad de indignación ante la mentira, la agresión solapada al medio ambiente, el comercio del alma; el dolor escándalo, ese que no se ve, pero cala muy dentro.

En piezas como “El iluminado”, “El desaparecido” o en “Escríbeme pronto” la soledad del personaje central es total; en los tres casos sitiados por imponentes muros de silencio. En los dos primeros un gélido estatismo y una coacción implícita, que se compensan o resuelven con el gesto desesperado del joven de camisa blanca que tiene los codos en alto implorando atención, y que expresa un irremediable desamparo. 

El recorrido visual puede hacerse con la actitud de quien camina por los pasillos de la casa del terror o como quien deambula entre los estantes de un laboratorio biológico, observando las muestras de especímenes socio-políticos, o de morfologías orgánicas conservadas en formol y expuestas allí ante el polvillo blanco del detective que descubre su impronta digital.

Cada pieza contenida tras el cristal cetrino de su tela resguarda un episodio revelador o contiene la pista de un misterio resuelto, quizás, en la mirada del espectador, cuando no es tan evidente como en el caso de “Paso peatonal”, ese grabado a la punta seca en el que la línea es el hilo conductor del tiempo, e hilvana urbe y rostro.

Es ya característico en la obra de Ramírez el uso de la transparencia y una iluminación lunar que da a sus temas un aura onírica de revelación, como si en el sueño el artista tomara la radiografía de la realidad detrás de las cosas como en “The end”, o éstas fueran una anticipación de los hechos como en “El lado oscuro de mi compadre”. Sin embargo, una aparente travesura relaja o matiza el drama cuando se atreve a reírse de sí mismo como en “Yo soy el monstruo comegalletas”,  o abordar el tema de la religiosidad futbolera en “Su majestad”. 

  "Su majestad"
Obras como “Lluvia ácida”, “Las estrellitas en el cielo brillan, brillan, brillan” y “Head hunter” suenan como un guiño macabro que apuntan algunos de los efectos colaterales del la lucha por el control mundial: la contaminación generada por la industria militar, la tecnología de información que evidencia y sitia la “aldea global” profetizada, y la caza del recurso humano para diversos usos, ya como cerebros bien pagados o como carne de cañón para alcanzar los fines que el poder disponga, que es lo mismo, como si de un video juego infantil se tratara.

La mayoría de las obras de Héctor Javier Ramírez suenan a nota sostenida de violín; a respiro melancólico después de la catástrofe; contienen la vibración de la calma impostergable detrás de la estridencia; un dejo de humo que se disipa sobre los huesos calcinados de la destrucción; las brasas del incendio que aún gimen lo que está por extinguirse. Tal es el caso de “Muere quien debe morir. Eso es justicia divina”.

Quien ha quedado expuesto al thriller que en esta colección nos propone Ramírez puede ya considerarse cómplice de una verdad buscada, y que se hará evidente con el tiempo, a través de la  digestión de los discursos, en la recordación del impacto, y quizás, de un momento a otro, salte azuzada la conciencia para secundar con hechos estos gritos de silencio que el artista pone en los oídos de la contemplación para cumplir el cometido estético y social del arte.

*Texto publicado en el catálogo de la exposición de Aldama Fine Art, disponible en la galería.

1 comentario:

miguel angel burbano gonzalez dijo...

obra muy interesante, me gusta el tonó ironico