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sábado, 19 de noviembre de 2011

Lo infinito efímero en el espejo, Tatro playback Por José Manuel Ruiz Regil




“La venganza es un plato que se come frío”
Vox Populli
“Qué rico siento cuando me vengo”
V.P.
“Cuando te veo, me veo y te reconozco. Somos uno”
Josman

Había una vez una mujer que fue sola a una fiesta para darle celos a su esposo;  el marido llegó mucho más tarde que ella. Cuentan que un automovilista lanzaba besos a las víctimas de sus torpezas viales. Dicen que un niño de siete años le tiró la cerveza a su padre porque le parecía injusto no poder probarla hasta que tuviera dieciocho. Sucedió que una chica creyó vengarse de su madre yendo a escondidas a una fiesta con el novio, y al regresar se arrepintió. Se supo de un muchacho que para hacer enojar a su rival aprovechó que éste estaba borracho para ofrecerle un aventón a su novia y disfrutar con la tortura de sus celos infundados.

Historias de venganza puestas en escena súbita por el grupo de teatro playback El Espejo, formado por Giselle Audirac, Ofelia Córdova, Martín Rodríguez Villareal y Andrea Sandoval, bajo la conducción de Mónica Bejarano. Trabajo que refleja las historias de todos, la cara oculta del deseo, el miedo, la osadía, puestos en un formato que además, favorece la interacción de público y actores.

Con la Compañía de teatro playback El Espejo, primera y única en México que trabaja bajo los principios de la escuela de improvisación de Jonathan Fox , la expresión “¡vamos al teatro!” cambia a “¡Vamos a hacer teatro!”, pues el intercambio es mutuo y el escenario brinca, por instantes, a uno y otro lado del  proscenio.

Gestos, ademanes, caracteres, ensamblajes, trazos  y viñetas que rescatan datos significativos de las historias cotidianas que aporta el público, para devolverlas hechas poesía corporal, a través de  sombras, silencios y revelaciones que tienen por objeto honrar la sabiduría intrínseca de las anécdotas del día a día.

Ademanes, historias somatizadas, concertado inconsciente donde el colectivo de actores apropia la emoción y la explora en un gesto repetido, irrepetible, aislado y al mismo tiempo enlazado con todos, formando con ello un espejo de realidad, enriquecida por la evidencia de lo no dicho y la alegoría de lo contado.

En el escenario armazones cúbicos de herrería desmontables hacen la suerte de cheslón, auto, tele, altar. Mascadas y girones de tela sufren diversas metamorfosis que van desde un elegante tocado, hasta simulados implantes, pasando por indumentarias de modas impensables, resaltadas por la iluminación reactiva de Juan Carlos Roldán. Las notas del piano en vivo a cargo de Mauricio García de la Torre emergen de los movimientos, fracturas de tiempo, y acuerdos tácitos hechos a velocidad intuitiva, y acentúan, alargan y resuelven la tensión histriónica.

El resultado es una mezcla de técnica depurada (Rand, pares, escultura fluida, historia y diamante),  conocimiento individual, confianza e integración de los compañeros, y un manejo de la incertidumbre lleno de frescura y espontaneidad desparpajada, que permite, por instantes, habitar el  infinito efímero que llamamos presente.

La experiencia es por demás terapéutica, estética y recreativa. Así fue la primera presentación en público de El espejo, el 13 de mayo de 2009 en El Vicio. La siguiente, bajo el tema “La chancla que yo tiro no la vuelto a levantar” será el 27 a las 9.30 p.m. en el mismo lugar.

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