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sábado, 24 de marzo de 2018

El matalote 11



Biblioteca roja


    




He estado revisando los libros que nos donó recientemente mi cuñado Eduardo. Aclaro que recientemente, porque a lo largo de veinte años que lleva de casado con mi hermana, me ha regalado varios tomos de diversos temas (historia, novela, ensayo, revistas). El acervo Castellanos-Ruiz se integra a los acervos Trovamala y Castillo, que forman ahora parte de la biblioteca Poeta y Bruja que conservamos celosamente Claudia y yo. Digo celosamente porque los libros que conforman esta desparramada y todoterreno biblioteca han formado parte de su infancia y de mi no tan corto camino como diletante de las letras. Ella conserva los cuentos de los hermanos Grimm, Las mil y una noches, los cuentos de Andersen, la enciclopedia de misterio de Hitchcock; Allan Poe, García Márquez, libros de esoterismo, cristales, cocina, medicina china, terapias,etc. etc.

El enfoque de la colección está sesgado hacia la novela negra y mística, ciencias sagradas y naturismo por su parte, y hacia la teoría del arte, estética, filosofía, sociología y literatura, por la mía. Ambos coincidimos en el estudio de las ciencias sagradas, la mitología y las religiones. Tenemos también un buen número de catálogos de artes plásticas, algunos de los cuales llevan un ensayo mío.


En la más reciente donación está la famosísima biblioteca Crisol de Editorial Aguilar, que son “N” libros de pequeño formato, diversos títulos y autores, empastados en rojo con filitos dorados. En ella he encontrado textos de Rabindranath Tagore, Erasmo de Rotterdam o José Vasconcelos. Menciono estos en especial porque son los que más a la mano tengo, y los he estado leyendo con gran curiosidad y asombro; unos porque ya los conocía y otros por todo lo contrario.


Encuentro que la narrativa de Tagore en El sentido de la vida mezcla magistralmente los conceptos del cristianismo y del hinduismo en una prosa universal que se antojaría irreconciliable, precisamente por la multiplicidad de dioses hindúes y el monoteísmo trinitario del cristiano. Sin embargo, su narrativa me confirma lo que siempre he dicho: que el cristianismo, como por otra parte las religiones mesoamericanas, tienen una genética más oriental que componentes occidentales, que fue por donde nos llegaron a América, gracias a la expansión del imperio romano, primero, y del español, después.



Elogio de la locura es un título que leí hace más de veinticinco años. El libro estaba en los libreros del despacho de mi papá, en casa de mis abuelos. En la portada de fondo azul turquesa aparecen tres elementos: un bufón en rojo, un bastón de mando (varita mágica) en amarillo y una calavera. La edición de Aguilar de esta obra de Erasmo de Rotterfdam trae algunas ilustraciones a línea en blanco y negro. El libro es igual a todos los demás (rojo con filitos dorados). En él habla la locura, y hace un repaso del pensamiento de los primeros filósofos y de los mitos que acompañaron a sus culturas. Es un libro fascinante, escrito como autocrítica, con humor mordaz, -como mordaz pudo ser el siglo XVI- que releeré con enorme gusto.




Como he estado interesado en estudiar la identidad nacional; rellenar esos huecos a veces demasiado grandes que ha dejado el olvido o el mal aprendizaje de la historia de México, he escogido La raza cósmica, de José Vasconcelos, un libro del que he oído hablar - aclaro que sólo del título, porque típico que nadie comenta el contenido- y que así como el Ulises criollo, de él mismo, intuyo que tienen algo que decirme.

Secretario de Educación Pública en tiempo de Álvaro Obregón. Eso no es lo más interesante de él, sino su neurosis por educar al país, por facilitar las condiciones para que de la mezcla de todas las razas surja la elegida quinta raza, la cósmica, que para mejores rasgos, tendría que nacer en territorio latinoamericano; si fuera México, excelente.

Luego de este ensayo que está dividido en dos partes, vienen crónicas de viajes diplomáticos por los exuberantes países de latinoamérica; así como los libros El arte de la fuga, de Sergio Pitol o Confieso que he vivido, de Neruda, que en sus tiempos de diplomacia pudieron pergeñar. En estos, además de la aguda mirada de Vasconcelos, se puede reconocer su rigidez de pensamiento (¿rigor intelectual?), su innegable clasismo y deslumbrante machismo. Bueno, era la época, diremos. Yo creo que no hay época para negarle a nadie sus derechos inalienables como ser humano. Sin embargo, también se trasluce una enorme capacidad de gozo estético y una gran elegancia en su narrativa impecable.


En otro de los libros que recién llegaron a casa está A la sombra del ángel, de Cathryn S. Blair, la nuera de Antonieta Rivas Mercado, quien so pretexto de hablar de ella, le regala al lector una mirada muy íntima de la vida de una familia acomodada en tiempos de la revolución. En esta novela biográfica aparece Vasconcelos, más como un impetuoso y arrogante soñador, que como un noble amante, que explota a la inestable Antonieta hasta dejarla en la ruina, lo que desencadenó, entre muchas otras cosas y una imparable espiral descendente hacia el abismo, su sonado suicidio en la Catedral de Notre Dame de Paris.




Pues aquí le dejamos por hoy. Luego les sigo contando de los libros que por el momento están en doble y hasta en tercera fila en nuestros libreros; en ese aparente caos donde uno ubica perfectamente las cosas donde están. Vuelvo a mi mundillo de papeles, notas y pilas de libros entre los que me pierdo por horas y horas.



José Manuel Ruiz Regil
Poeta, publicista y analista cultural. 


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