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jueves, 18 de abril de 2013

Álgido magma o el sonido del Ser, siendo



Índigo


Las formas que asoman en los cuadros de Annie Meza muestran fragmentos de un devenir que está siendo mucho antes de que empieza el cuadro y continúa mucho después de que termina; momentos de una totalidad a la que se aproxima con asombro y temor, al mismo tiempo. Un ser inconmensurable que es visto por otro ser que a su vez es contenido dentro del primero. Esta fascinación queda resuelta en la armonía polar que expresan, como origen y destino Namasté, con sus tonos fríos y profundos; y Terranova, cuya calidez cromática y nominación evocan una esperanzadora continuidad de la vida; es decir de seguir siendo.

Namasté

A riesgo de limitar esta abstracción me permitiré ceñirla al polimorfo y gélido fiordo o témpano que se hunde en el mar para depositar en esta figuración un valor  metafísico: el horror a lo desconocido; o el desconocimiento del horror. Plantados en este escenario utópico podremos descubrir entonces que el punto de vista desde donde la autora narra su experiencia es el de una embarcación segura que linda las paredes del monstruo montañoso para descubrirlo, afrontarlo y derretirlo o fundirse en él, si es posible.

La temperatura de su paleta, aún cuando mezcla los ocres y rojos es fría; lunar. Por eso a veces es posible confundir la atmósfera y sentir que se está plantado al borde de un cráter selenita que salpica álgido magma. En otros, donde la geometría orienta a la mente a transitar caminos reconociblemente figurativos, se revela la mortecina luz de un callejón o la incandescente fogata que sirve de hogar alrededor del cual danzan ascuas como luciérnagas.

Es muy probable que la síntesis de estos extremos ontológicos se realice en piezas como los denominados Místico y Paisaje mítico donde la presión atmosférica entre al arriba y el abajo llega a su límite, o aquella condensación de materia y energía –llámese dios, ser, ente, energía, horror, trauma, sombra, todo potencial- se ve literalmente sitiada por la noche oscura del alma, metáfora que creara el poeta místico San Juan de la Cruz para designar el anhelo de la unión del hombre con el Ser.

De este modo, a partir del reconocimiento y honra del ser interior el lenguaje de Annie Meza se lanza a las alturas del Ser para descubrir una nueva tierra.  

Terranova


José Manuel Ruiz Regil
Analista cultural
arteduro.dealers@gmail.com

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